Reconvertamos la sociedad del plástico

Reconvertamos la sociedad del plástico

La historia de la civilización humana ha conocido y conoce momentos más oscuros y momentos más brillantes, luces y sombras, como en la alternancia del día y la noche.
Pero si el juicio es casi siempre póstumo, ¿cómo pueden ser juzgados los que escribirán los próximos libros de historia?
A pesar de tantos rayos de luz, que a menudo no son noticia, es casi seguro que esta civilización sea etiquetada como la civilización del consumo, el desperdicio y la contaminación.
Una civilización que se ha escapado de las leyes y reglas de la Naturaleza creando su propia naturaleza, muy imperfecta, limitada, degradada, corrupta.
Una función perfectamente geométrica está ligada a esta distancia: cuanto más nos alejamos de los principios de la Naturaleza, más se corrompe el sistema.
En la naturaleza todo se recupera, se reelabora, se comparte… nada se desperdicia.
En la nueva naturaleza fundada por esta civilización no recuperamos casi nada, no reelaboramos, no compartimos…. el desperdicio es máximo y no solo desperdicio de material.
Hemos establecido un modelo de civilización que trasciende la naturaleza y la mortifica, mortificando a la humanidad que forma parte de la naturaleza.
Sin caer en la tentación de un tratamiento integral, es evidente que algunos aspectos de nuestra sociedad no se pueden mantener durante mucho tiempo.
Entre estos nos referimos a la civilización desechable, especialmente en el sector de los plásticos, un problema real dentro del problema.
Más allá de los datos sobre el uso y abuso de estos materiales sintéticos, que ya representan una gran derrota para nuestro modelo social, es evidente que el papel de una transición hacia una civilización verdaderamente ecológica (y no solo en palabras) debe llevarse a cabo. conjuntamente por la Política y las organizaciones ciudadanas (empezando por la familia, pasando por la escuela, hasta cualquier otra forma de agregación).
Sin embargo, la meta debe ser unitaria, clara, sin compromisos y con un rumbo determinado.
Se acabó la época de la inmovilidad y la indiferencia y la Unión Europea lo sabe muy bien con su directiva UE 2019/904, que pone fin a los productos plásticos de un solo uso a partir de 2021 (y estamos en 2021).
Las nuevas normas que trae consigo la directiva de la UE están destinadas a cambiar los hábitos de los ciudadanos y, antes incluso, los productos y envases que nos rodean. Desde recipientes para alimentos hasta botellas de plástico y cubiertos, no se excluye ninguna categoría de producto.
Esta directiva se basa en la legislación existente sobre residuos plásticos, dando un paso adelante: prohíbe los productos más contaminantes para los mares y su fauna y obliga a la reducción del uso de materiales plásticos más dispersos en el medio ambiente.

Para el 2021, los platos de plástico desechables, cubiertos, pajitas, postes de globos y bastoncillos de algodón deberían desaparecer gradualmente (mejor usar el condicional). Además, las innovaciones aportadas por la directiva europea sobre plásticos de un solo uso también premian los productos sostenibles e innovadores, compuestos por materiales fáciles de eliminar.
Pero el tema debe abordarse de una manera más envolvente y en este sentido la Directiva de la UE se ocupa de otras medidas, útiles para fomentar la economía circular y la conciencia ambiental.
Entre estas medidas cabe destacar las principales:
– Régimen ampliado de responsabilidad del productor, conocido como EPR. Este reglamento establece que las empresas productoras de objetos plásticos como, entre otros, vasitos, recipientes para comida para llevar y artes de pesca, deberán pagar el financiamiento de la correcta disposición de estos residuos;
– obligación para los países miembros de la UE de que para el 2025 se debe garantizar un reciclaje equivalente al 77% de lo que se produce y se comercializa. Se prevé que este porcentaje crezca: en 2029, el 90% de las botellas de plástico deberán reciclarse. En cambio, el objetivo para la próxima década será el porcentaje de plástico reciclado (30%) utilizado para producir la misma cantidad de botellas de plástico.
Pero como es habitual, y aquí el error está en la patología de nuestra sociedad, la tarea de disminuir el uso de materiales plásticos no puede confiarse únicamente a las directivas de la UE y las leyes y decretos nacionales.
Se necesita más, no solo en el campo regulatorio, donde una fuerte intervención debería ser la imposición de ventajas por el uso de materiales no plásticos para usos idénticos; También necesitamos un gran programa real que involucre a familias, escuelas y organizaciones hacia un mundo libre de plásticos.
Hay que cambiar los estilos de vida, pero hay que fomentarlos, tanto cultural como económicamente.
Basta pensar en los plásticos que acumulamos todos los días para el consumo de agua mineral, bebidas y alimentos. Un desperdicio cuyos datos están poniendo de rodillas a un planeta ya ensayado en otros frentes.
Creo que con el Plan para la recuperación de Europa, el llamado Fondo de Recuperación, debemos implementar un gran programa de sensibilización, por un lado, e incentivos por otro, al uso de nuevos materiales eco-sostenibles.
Solo piense en la cadena de suministro de alimentos donde se introducen en el medio ambiente grandes cantidades de plástico, en gran parte no reciclado, para producir un kg de alimentos, lo que resulta en la acumulación de plásticos y microplásticos en la cadena alimentaria y en el medio ambiente.
De hecho, no basta con hablar de Economía Circular si no actuamos sobre todos y cada uno de los aspectos de nuestros modelos de producción y consumo.
Todos necesitan ser revisados ​​e invertir en esta revisión a cambio de un paradigma cultural y productivo.
Todos responsables y nadie al margen.

Guido Bissanti




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