Cultivar los trópicos en el Mediterráneo
Cultivar los trópicos en el Mediterráneo: ¿un reto agroecológico para el futuro de la agricultura siciliana y mediterránea?
Las imágenes de mango, aguacate, papaya, plátano, café, maracuyá, guayaba, chirimoya, níspero, pitahaya y otras plantas tropicales y subtropicales cultivadas hoy en Sicilia cuentan una historia que va más allá de la simple curiosidad botánica.
Revelan una transformación silenciosa, pero ya visible: algunas regiones mediterráneas, y en particular ciertas zonas idóneas de Sicilia, se están convirtiendo en auténticos laboratorios agrícolas, donde diversas especies tropicales y subtropicales, como el mango, el aguacate, la papaya, la guayaba, la maracuyá y la chirimoya, se prueban, cultivan y se integran progresivamente en los sistemas de producción mediterráneos.
Algunas experiencias sicilianas con el mango y algunos ensayos con la pitahaya confirman el creciente interés agronómico y económico en estos cultivos (Massaad et al., 2026; Testa et al., 2018; Trivellini et al., 2020).
Sin embargo, esta transformación no se limita a las observaciones agronómicas contemporáneas.
En Sicilia, existen huellas históricas y paisajísticas, así como fuentes pictóricas, que nos ayudan a comprender, desde una perspectiva más amplia, la representación histórica y cultural de la vegetación presente en el paisaje siciliano a lo largo de los siglos.
Un ejemplo significativo es la Vista de Palermo de Francesco Lo Jacono, pintada en 1875 y conservada en la galería de arte moderno «Empedocle Restivo» de Palermo.
En esta obra, la atención descriptiva a los elementos naturales del campo palermitano transmite la imagen de un complejo paisaje agrícola, en el que el componente vegetal adquiere también un valor histórico, estético y de construcción de identidad. Naturalmente, una fuente pictórica no equivale a datos agroecológicos experimentales, pero puede proporcionar evidencia cultural útil para comprender cómo ciertas especies se incorporaron gradualmente al paisaje agrícola siciliano.
Esta transformación, sin embargo, debe interpretarse con cautela. Es decir, un eslogan como «los trópicos llegan a Sicilia» puede ser sumamente evocador, pero también científicamente débil.
Sicilia no se convertirá en una región tropical desde una perspectiva agrícola.
Más bien, es más preciso decir que, dentro del clima mediterráneo, algunas zonas costeras, montañosas o de estribaciones, caracterizadas por condiciones microclimáticas, térmicas, edáficas e hídricas particulares, pueden ser compatibles con el cultivo de ciertas especies tropicales y subtropicales, especialmente si se insertan en sistemas agroecológicos bien diseñados (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Massaad et al., 2026; Wezel et al., 2020).
La cuestión, por lo tanto, no es simplemente si es posible cultivar mango, aguacate, papaya, plátano, guayaba, chirimoya, café o níspero japonés en Sicilia.
Algunos de estos cultivos ya están parcialmente establecidos; otros se encuentran en fase experimental; Otros cultivos requieren una cuidadosa selección de los terrenos, sistemas de protección como invernaderos sin calefacción, cortavientos, mallas o telas de sombreo y, por último, pero no menos importante, una gestión hídrica rigurosa (Cárceles Rodríguez et al., 2023; Durán Zuazo et al., 2021; Massaad et al., 2026; Trivellini et al., 2020).
La pregunta clave, por lo tanto, es: ¿pueden estos cultivos contribuir a la construcción de agroecosistemas mediterráneos más diversos, dinámicos, resilientes, rentables y sostenibles, o corren el riesgo de convertirse simplemente en nuevos monocultivos con altas demandas hídricas y una elevada dependencia de insumos externos?
Esta pregunta es fundamental porque la agroecología no evalúa un cultivo únicamente en función de su rendimiento potencial, sino en relación con su función dentro del sistema agrícola, su compatibilidad con los recursos locales y su capacidad para contribuir a la resiliencia general del agroecosistema (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
MÁS ALLÁ DEL CONCEPTO DE «CULTIVO EXÓTICO»
Durante muchos años, la agricultura se ha dividido en categorías rígidas: cultivos mediterráneos, por un lado, y cultivos tropicales y subtropicales, por otro.
Aceitunas, uvas, cítricos, almendras, algarrobos, higos y cereales, por un lado; mangos, aguacates, papayas, plátanos, nísperos, café, guayabas y chirimoyas, por otro.
Esta separación resulta útil desde perspectivas históricas, geográficas, climáticas y técnicas, pero hoy en día ya no basta para interpretar la evolución de los agroecosistemas agrícolas mediterráneos (Massaad et al., 2026; Wezel et al., 2020).
Actualmente, el cambio climático, el aumento de las temperaturas, la mayor frecuencia de fenómenos extremos, la escasez de agua, la evolución del mercado y la creciente demanda de productos frescos, funcionales y locales exigen una visión más dinámica de la agricultura.
En este contexto, la agroecología propone considerar los cultivos no como elementos aislados, sino como componentes de sistemas complejos, en los que el suelo, la biodiversidad, el agua, el paisaje, el mercado y el conocimiento local interactúan continuamente (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Una reciente revisión sistemática de frutas tropicales en la cuenca mediterránea destacó que el interés científico por el mango, el aguacate, la papaya, la guayaba, el lichi, la fruta de la pasión y la chirimoya está creciendo, pero también que la investigación aún está fragmentada, es inconsistente y a menudo se centra en ciertos aspectos de la producción, mientras que los efectos ecológicos, hídricos, paisajísticos y sistémicos a largo plazo siguen estando menos explorados (Massaad et al., 2026).
Este hallazgo es particularmente importante porque demuestra que la expansión de los cultivos tropicales en el Mediterráneo no puede interpretarse únicamente como un fenómeno comercial, sino que requiere una evaluación científica más amplia y multidisciplinaria (Massaad et al., 2026; Wezel et al., 2020).
La introducción de cultivos tropicales y subtropicales en el Mediterráneo no puede evaluarse únicamente en términos de viabilidad técnica de siembra y producción.
Debe evaluarse en términos agroecológicos: compatibilidad pedoclimática, eficiencia hídrica, biodiversidad, microbiota del suelo, estabilidad de la producción, integración con cultivos tradicionales, resiliencia de la explotación, sostenibilidad y reducción de insumos externos (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Una especie vegetal no es simplemente una máquina de producción.
Es un componente vivo de un sistema agroecológico complejo.
Interactúa con el suelo, su microbiota, la flora y fauna locales, su filosfera y el paisaje agrícola en su conjunto (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Desde esta perspectiva, el valor de un cultivo depende no solo de su origen geográfico, sino también de su capacidad para integrarse de forma coherente en el contexto ecológico y agroecológico local.
Un cultivo tropical cultivado intensivamente, en suelo desnudo, con alta presión de riego, alta fertilización externa y baja biodiversidad funcional, puede convertirse en un problema.
El mismo cultivo, insertado en un sistema agroecológico complejo, con manejo racional del suelo, alto contenido de materia orgánica, cultivos intercalados adecuados, alta complejidad microbiótica, presencia de acolchados, manejo del riego y biodiversidad estructural, puede convertirse en un componente de diversificación (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
NO TODAS LAS PLANTAS TROPICALES SON IGUALES
Es importante aclarar de inmediato que no todas las especies tropicales y subtropicales tienen el mismo grado de adaptabilidad, los mismos requerimientos hídricos, la misma tolerancia al frío ni el mismo interés económico en Sicilia y el Mediterráneo (Massaad et al., 2026).
Por lo tanto, referirse genéricamente a las «plantas tropicales» conlleva el riesgo de crear una categoría demasiado amplia, técnicamente poco útil y potencialmente engañosa desde una perspectiva agronómica.
Los mangos y los aguacates son actualmente los cultivos más consolidados y estudiados en Sicilia y el Mediterráneo. Los mangos, en particular, han sido objeto de estudios económicos específicos en pequeñas explotaciones sicilianas, cuyos resultados indican su potencial viabilidad económica en zonas con suelos y climas favorables, si bien con la debida precaución en cuanto a la selección del emplazamiento, la disponibilidad de agua y la estabilidad del mercado (Testa et al., 2018). Además, en el caso del mango, la literatura reciente destaca la importancia de las estrategias de riego racionales, especialmente en ambientes subtropicales y mediterráneos expuestos al estrés hídrico y la variabilidad climática (Durán Zuazo et al., 2021).
El aguacate es un cultivo de gran interés comercial, pero también uno de los más sensibles en términos de sostenibilidad hídrica.
De hecho, la literatura sobre el contexto mediterráneo-subtropical subraya la necesidad de estrategias de riego cuidadosamente planificadas, técnicas de riego deficitario, monitoreo del suelo y gestión racional del agua para reducir el consumo y mejorar la eficiencia hídrica (Cárceles Rodríguez et al., 2023). Esto significa que el aguacate no puede promoverse indiscriminadamente, sino que debe evaluarse caso por caso, en función del balance hídrico de la finca, la calidad del suelo, la disponibilidad real de agua y la sostenibilidad agronómica general (Cárceles Rodríguez et al., 2023; Wezel et al., 2020).
La papaya, por otro lado, puede prosperar en algunas zonas particularmente templadas o en sistemas protegidos, pero es sensible al frío y al estrés ambiental. El banano puede cultivarse en algunos microclimas favorables, pero requiere atención a la protección contra el viento, la disponibilidad de agua, la fertilidad del suelo y el manejo de bajas temperaturas (Massaad et al., 2026).
El café, por otro lado, debe tratarse con mayor precaución, dados los datos científicos actuales.
Puede tener valor experimental, educativo, simbólico y quizás productivo en invernaderos.
El níspero japonés (Eriobotrya japonica Lindl.) merece una atención especial.
Aunque ahora se percibe como una presencia común en muchos paisajes sicilianos, el níspero japonés es una especie subtropical originaria del este de Asia, particularmente de China, que se ha aclimatado e integrado gradualmente en diversos contextos mediterráneos (Liu et al., 2016).
Estudios realizados con cultivares locales, establecidos y cultivados en Sicilia, han evaluado las características cualitativas, sensoriales y nutricionales del fruto, confirmando el interés del germoplasma local y su lugar dentro de un sistema dinámico de cultivo de fruta mediterráneo (Farina et al., 2016; Gentile et al., 2016). En este sentido, el níspero japonés representa un caso particularmente interesante: una especie no originariamente mediterránea que, con el tiempo, se ha integrado al paisaje productivo, alimentario y cultural siciliano hasta el punto de ser percibida como parte de la norma agrícola local (Farina et al., 2016; Gentile et al., 2016).
Esto demuestra que la identidad agrícola mediterránea no es una entidad estática, sino el resultado de una larga estratificación agroecológica, cultural y nutricional.
Por esta razón, hablar genéricamente de «cultivos tropicales» es demasiado simplista. Necesitamos distinguir al menos cuatro niveles:
1. especies ya más consolidadas o con mayor evidencia de aplicación en Sicilia y el Mediterráneo, como el mango y el aguacate (Cárceles Rodríguez et al., 2023; Durán Zuazo et al., 2021; Testa et al., 2018);
2. Especies subtropicales ya historicizadas y fuertemente integradas en el paisaje agrícola y cultural siciliano, como el níspero japonés (Farina et al., 2016; Gentile et al., 2016);
3. Especies prometedoras que aún requieren una evaluación más cuidadosa, como la papaya, la pitahaya, la fruta de la pasión, la guayaba, el lichi y la chirimoya (Massaad et al., 2026; Trivellini et al., 2020);
4. Especies más experimentales o aquellas más dependientes de sistemas protegidos, microclimas específicos o manejo técnico avanzado, como el café y el plátano en muchas condiciones sicilianas. En el caso del café, la literatura destaca particularmente la fuerte influencia de la temperatura, la sombra, la disponibilidad de agua y el sistema de cultivo en la calidad y el metabolismo secundario de la cosecha (Ahmed et al., 2021; Charbonnier et al., 2017; Haggar et al., 2021).
LA SOSTENIBILIDAD DEPENDE NO SOLO DE LA ESPECIE, SINO DE TODO EL SISTEMA AGROECOLÓGICO
La crítica más frecuente a los cultivos tropicales en las zonas mediterráneas se refiere al consumo de agua. Esta es una crítica legítima.
No debe minimizarse ni demonizarse.
El Mediterráneo está cada vez más expuesto a sequías prolongadas, olas de calor, menor disponibilidad de agua, salinización del suelo y una creciente competencia entre los usos agrícolas, civiles, industriales y ecosistémicos del agua.
En este contexto, introducir cultivos con altas demandas hídricas sin una planificación rigurosa sería agronómicamente arriesgado y agroecológicamente cuestionable (Altieri et al., 2015; Cárceles Rodríguez et al., 2023; Durán Zuazo et al., 2021).
Sin embargo, la agroecología enseña que la sostenibilidad no puede evaluarse considerando un único factor aislado.
No basta con preguntarse si un cultivo consume mucha o poca agua.
Debemos preguntarnos: ¿en qué suelo se cultiva?
¿Con qué sistema de riego?
¿Con qué nivel de materia orgánica?
¿Con qué cobertura vegetal?
¿Con qué densidad de siembra?
¿Con qué disponibilidad real de agua en la explotación?
¿Con qué balance energético?
¿Con qué modelo de cadena de suministro? (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Por lo tanto, la pregunta clave no es solo cuánta agua requiere un cultivo, sino cómo las necesidades hídricas específicas de cada especie interactúan con la capacidad del agroecosistema para conservar, acumular, distribuir y utilizar eficientemente los recursos hídricos.
En el caso del mango y el aguacate, por ejemplo, la literatura destaca la importancia de las estrategias de riego dirigidas, el riego deficitario, el monitoreo del suelo y la adaptación de las prácticas agronómicas al contexto mediterráneo-subtropical (Cárceles Rodríguez et al., 2023; Durán Zuazo et al., 2021).
Un suelo degradado, compactado y pobre en materia orgánica, al quedar expuesto, pierde agua, pierde estructura, reduce la infiltración, aumenta la evaporación y hace que el cultivo dependa más del riego.
Por el contrario, un suelo rico en materia orgánica, protegido por acolchados y cubiertas vegetales, con una comunidad microbiana diversa e integrado en un paisaje agrícola complejo, puede aumentar la capacidad de retención de agua, mejorar la resiliencia al estrés y reducir la vulnerabilidad del sistema (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Esto no significa que el diseño agroecológico elimine mágicamente las necesidades hídricas típicas de los aguacates, mangos, papayas o plátanos.
Esto sería incorrecto. Sin embargo, esto significa que el diseño agroecológico puede mejorar la eficiencia del uso del agua, reducir las pérdidas, aumentar la estabilidad del sistema y hacer que el cultivo sea más sostenible solo cuando existen condiciones compatibles de suelo, clima y agua (Altieri et al., 2015; Cárceles Rodríguez et al., 2023; Durán Zuazo et al., 2021; Gliessman, 2015).

CADENAS DE SUMINISTRO CORTAS: OPORTUNIDAD, PERO NO AUTOMÁTICAMENTE SOSTENIBLES
Hoy en día, muchas frutas tropicales que se consumen en Europa recorren miles de kilómetros antes de llegar al consumidor final. Esto implica transporte, refrigeración, maduración controlada, envasado, logística y largos plazos entre la cosecha y el consumo.
La producción local de algunas especies tropicales y subtropicales en el Mediterráneo podría contribuir a la creación de cadenas de suministro más cortas, reducir algunos impactos logísticos, ofrecer fruta cosechada en una etapa más avanzada de maduración y aumentar la resiliencia económica de algunas zonas rurales (Massaad et al., 2026; Testa et al., 2018).
Pero también en este caso, debemos ser rigurosos. «Local» no significa automáticamente «sostenible».
La producción local puede tener una ventaja ambiental si reduce el transporte, la refrigeración y los residuos, pero esta ventaja puede verse anulada si el cultivo requiere un alto consumo de agua, energía para calefacción, insumos externos intensivos, fertilizantes sintéticos, plásticos o una gestión incompatible con los recursos locales (Poore y Nemecek, 2018; Weber y Matthews, 2008).
Los estudios de Análisis del Ciclo de Vida (ACV) muestran que los impactos ambientales de los productos alimenticios varían considerablemente según el sistema de producción, el método de cultivo, el uso y manejo del suelo, la gestión de insumos y la cadena de suministro, y no solo la distancia recorrida por el producto (Poore y Nemecek, 2018; Weber y Matthews, 2008).
En otras palabras, la distancia geográfica importa, pero no es suficiente para definir la sostenibilidad de un alimento.
Por esta razón, en el caso de las frutas tropicales sicilianas, la sostenibilidad debe evaluarse caso por caso.
Se necesitan datos sobre agua, energía, rendimiento, métodos de fertilización, manejo del suelo, insumos fitosanitarios, duración de la siembra, poscosecha, distribución y precio final (Poore y Nemecek, 2018; Weber y Matthews, 2008).
Las cadenas de suministro cortas pueden ser una ventaja, pero no pueden convertirse en una excusa.
SOLUCIONES BASADAS EN LA NATURALEZA COMO CLAVE PARA LA ADAPTACIÓN
El cultivo sostenible de especies tropicales y subtropicales en el Mediterráneo requiere un cambio de paradigma.
No se trata simplemente de reemplazar limones, naranjas, olivos o viñedos por mangos, aguacates, papayas o plátanos.
Este sería un enfoque deficiente y arriesgado.
El verdadero desafío reside en diseñar agroecosistemas agrícolas más complejos, capaces de integrar especies tradicionales y nuevos cultivos en paisajes de producción más dinámicos y resilientes (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Desde esta perspectiva, las Soluciones Basadas en la Naturaleza pueden desempeñar un papel central, siempre que se entiendan no como simples intervenciones técnicas aisladas, sino como soluciones inspiradas y sustentadas por procesos naturales, capaces de abordar simultáneamente desafíos productivos, ambientales y sociales (Nesshöver et al., 2017).
Los acolchados orgánicos, el compost agrícola, los abonos verdes, los cultivos de cobertura, el cultivo intercalado, las franjas florales, los setos, la agrosilvicultura, los estanques agrícolas, el inóculo microbiano local, la labranza reducida y el aumento de la biodiversidad funcional no son meras técnicas auxiliares.
Son herramientas de diseño agroecológico que, si se integran sistémicamente, también pueden interpretarse como Soluciones Basadas en la Naturaleza aplicadas a la gestión agrícola y a la resiliencia de los agroecosistemas (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Nesshöver et al., 2017; Wezel et al., 2020).
En el caso de las plantas tropicales sicilianas, estas soluciones pueden mejorar aún más la estructura del suelo, aumentar la infiltración y la retención de agua, reducir la evaporación superficial, proteger las raíces de temperaturas extremas, promover la vida microbiana, incrementar la presencia de insectos beneficiosos, disminuir la dependencia de insumos externos y mejorar la estabilidad de la producción a medio y largo plazo (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Todo esto resulta útil para el diseño de sistemas agroecológicos mediterráneos más complejos. La sombra, la biodiversidad y la estratificación vegetal son herramientas agronómicas, no solo elementos del paisaje.
Esto es particularmente evidente en los sistemas agroforestales, donde la gestión de la luz, la cobertura vegetal y las interacciones entre especies puede influir en la productividad, el microclima, la calidad y la resiliencia, como también se muestra en la literatura sobre sistemas agroforestales de café (Charbonnier et al., 2017; Haggar et al., 2021).
DE LOS MONOCULTIVOS TROPICALES A LOS MOSAICOS AGROECOLÓGICOS
En mi opinión, el mayor riesgo no reside en la introducción de cultivos tropicales.
El mayor riesgo reside en su introducción con la misma lógica reduccionista que ya ha debilitado muchos agroecosistemas mediterráneos.
Si el mango, el aguacate, la papaya o el plátano se convierten en nuevos monocultivos intensivos, cultivados en suelo desnudo, con riego elevado, baja biodiversidad, alta dependencia de insumos externos y escasa arraigo territorial, el cambio de cultivo no representa una verdadera transición agroecológica (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
En todo caso, se convertiría simplemente en una sustitución comercial. La verdadera innovación, sin embargo, debe consistir en la construcción de mosaicos agroecológicos: es decir, sistemas en los que especies tropicales y subtropicales coexistan con olivo, cítricos, almendro, algarrobo, vid, higuera, granado, plantas aromáticas, cultivos de cobertura, setos multifuncionales e infraestructura ecológica.
En un sistema de este tipo, el mango, el aguacate, la papaya, el plátano, la pasiflora, el café y otras especies se integran en un paisaje más complejo, y no se convierten en sustitutos automáticos de los cultivos mediterráneos tradicionales (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
Para concluir este concepto, quisiera mencionar el caso del níspero japonés.
Esta planta es prueba histórica de que algunas plantas subtropicales, si son compatibles con el contexto ecológico y cultural local, pueden integrarse progresivamente en el paisaje mediterráneo hasta formar parte de su identidad productiva (Farina et al., 2016; Gentile et al., 2016).
El níspero japonés demuestra así que la agricultura mediterránea no es estática, sino que evoluciona mediante procesos de adaptación, selección, aclimatación y asimilación cultural.
Por lo tanto, un enfoque agroecológico podría ayudar a evitar dos errores opuestos: el rechazo ideológico de los cultivos tropicales y subtropicales y el entusiasmo acrítico por cualquier cultivo nuevo.
El primer error nos impide ver las oportunidades de adaptación y diversificación; el segundo conlleva el riesgo de transformar la innovación en una nueva forma de simplificación de la producción, que requiere grandes cantidades de agua y depende de insumos externos (Altieri et al., 2015; Massaad et al., 2026; Wezel et al., 2020).
¿UN NUEVO MODELO MEDITERRÁNEO?
Es probable que el futuro de la agricultura siciliana y mediterránea no se caracterice por la sustitución de los cultivos tradicionales por especies tropicales.
De forma más realista, seremos testigos del surgimiento de sistemas agroecológicos aún más diversificados, en los que los cultivos históricos y las nuevas especies puedan coexistir en paisajes de producción más complejos y ecológicamente robustos (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Massaad et al., 2026; Wezel et al., 2020).
No se deben sustituir las aceitunas, las vides, las almendras, los algarrobos, las higueras ni las granadas. Deben replantearse dentro de sistemas más resilientes. Asimismo, los cultivos tropicales y subtropicales no deben presentarse como «la solución» al cambio climático.
En algunos contextos, pueden convertirse en herramientas para la adaptación, la diversificación y la innovación productiva y económica solo si se integran en un diseño agroecológico coherente (Altieri et al., 2015; Testa et al., 2018; Wezel et al., 2020).
El objetivo debe ser construir una agricultura mediterránea capaz de adaptarse dinámicamente al cambio climático, manteniendo la fertilidad del suelo, la biodiversidad, la identidad territorial, el uso responsable de los recursos y la rentabilidad.
La tropicalización climática no debe aceptarse como un destino inevitable, ni celebrarse ingenuamente como una oportunidad comercial.
Debe gestionarse con metodologías agroecológicas avanzadas, prudencia ecológica y un diseño sistémico (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
CONCLUSIONES
Los cultivos tropicales y subtropicales que se cultivan en Sicilia representan mucho más que una curiosidad botánica.
Indican una profunda transformación de la agricultura mediterránea.
Su introducción no es ni positiva ni negativa.
Depende de muchos factores: especies, emplazamiento, suelo, agua, manejo agronómico, mercado, cadena de suministro, biodiversidad y el modelo de producción adoptado (Massaad et al., 2026; Poore & Nemecek, 2018; Testa et al., 2018; Wezel et al., 2020).
Si se cultivan con prácticas intensivas y simplificadas, estas especies pueden aumentar la presión sobre los recursos y generar nuevas vulnerabilidades.
Sin embargo, si se integran en sistemas agroecológicos complejos y biodiversos, en consonancia con los recursos locales, pueden contribuir a la diversificación de la producción, la resiliencia empresarial, la reducción de ciertas dependencias de largas cadenas de suministro y la construcción de nuevos modelos agrícolas mediterráneos (Altieri et al., 2015; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020).
La clave reside en comprender qué funciones ecológicas, productivas y económicas pueden desempeñar ciertas especies tropicales y subtropicales dentro de sistemas agrícolas mediterráneos diseñados con principios agroecológicos. El verdadero reto no es cultivar mangos, aguacates, papayas o plátanos en Sicilia.
El verdadero reto es hacerlo sin malgastar agua, sin agotar el suelo ni la biodiversidad, sin borrar la identidad agrícola mediterránea y sin transformar la innovación en una nueva dependencia de insumos externos (Cárceles Rodríguez et al., 2023; Durán Zuazo et al., 2021; Gliessman, 2015; Wezel et al., 2020). En este sentido, las especies tropicales cultivadas en Sicilia pueden convertirse en un campo de pruebas para una cuestión mucho más amplia: ¿somos capaces de diseñar agroecológicamente una agricultura mediterránea más compleja, dinámica y respetuosa con el medio ambiente?
Francesco Di Lorenzo
Agrónomo
BIBLIOGRAFÍA
Ahmed, S., Brinkley, S., Smith, E., Sela, A., Theisen, M., Thibodeau, C., Warne, T., Anderson, E., Van Dusen, N., Giuliano, P., Ionescu, K. E., & Cash, S. B. (2021). Climate change and coffee quality: Systematic review on the effects of environmental and management variation on secondary metabolites and sensory attributes of Coffea arabica and Coffea canephora. Frontiers in Plant Science, 12, 708013. https://doi.org/10.3389/fpls.2021.708013
Altieri, M. A., Nicholls, C. I., Henao, A., & Lana, M. A. (2015). Agroecology and the design of climate change-resilient farming systems. Agronomy for Sustainable Development, 35(3), 869–890. https://doi.org/10.1007/s13593-015-0285-2
Cárceles Rodríguez, B., Durán Zuazo, V. H., Franco Tarifa, D., Cuadros Tavira, S., Cermeño Sacristán, P., & García-Tejero, I. F. (2023). Irrigation alternatives for avocado (Persea americana Mill.) in the Mediterranean subtropical region in the context of climate change: A review. Agriculture, 13(5), 1049. https://doi.org/10.3390/agriculture13051049
Charbonnier, F., Roupsard, O., Le Maire, G., Guillemot, J., Casanoves, F., Lacointe, A., Vaast, P., Allinne, C., Audebert, L., Cambou, A., Clément-Vidal, A., Defrenet, E., Duursma, R. A., Jarri, L., Jourdan, C., Khac, E., Leandro, P., Medlyn, B. E., Saint-André, L., Thaler, P., Van den Meersche, K., Aguilar, A. B., Lehner, P., & Dreyer, E. (2017). Increased light-use efficiency sustains net primary productivity of shaded coffee plants in agroforestry system. Plant, Cell & Environment, 40(8), 1592–1608. https://doi.org/10.1111/pce.12964
Durán Zuazo, V. H., García-Tejero, I. F., Cárceles Rodríguez, B., Franco Tarifa, D., Gálvez Ruiz, B., & Cermeño Sacristán, P. (2021). Deficit irrigation strategies for subtropical mango farming: A review. Agronomy for Sustainable Development, 41, 13. https://doi.org/10.1007/s13593-021-00671-6
Farina, V., Gianguzzi, G., & Mazzaglia, A. (2016). Fruit quality evaluation of affirmed and local loquat (Eriobotrya japonica Lindl.) cultivars using instrumental and sensory analyses. Fruits, 71(2), 105–113. https://doi.org/10.1051/fruits/2015053
Galleria d’Arte Moderna “Empedocle Restivo”. (n.d.). Collezioni permanenti. Comune di Palermo. https://www.gampalermo.it/it/museo/collezioni.html
Gentile, C., Reig, C., Corona, O., Todaro, A., Mazzaglia, A., Perrone, A., Gianguzzi, G., Agustí, M., & Farina, V. (2016). Pomological traits, sensory profile and nutraceutical properties of nine cultivars of loquat (Eriobotrya japonica Lindl.) fruits grown in Mediterranean area. Plant Foods for Human Nutrition, 71(3), 330–338. https://doi.org/10.1007/s11130-016-0564-3
Gliessman, S. R. (2014). Agroecology: The ecology of sustainable food systems (3rd ed.). CRC Press.
https://doi.org/10.1201/b17881
Google Arts & Culture. (n.d.). Veduta di Palermo — Francesco Lojacono, 1875. Galleria d’Arte Moderna “Empedocle Restivo”. https://artsandculture.google.com/asset/veduta-di-palermo-francesco-lojacono/egFrOf0D5xy7RQ?hl=it
Haggar, J., Soto, G., Casanoves, F., & Virginio, E. M. (2021). Shade and agronomic intensification in coffee agroforestry systems: Trade-off or synergy? Frontiers in Sustainable Food Systems, 5, 645958. https://doi.org/10.3389/fsufs.2021.645958
Liu, Y., Zhang, W., Xu, C., & Li, X. (2016). Biological activities of extracts from loquat (Eriobotrya japonica Lindl.): A review. International Journal of Molecular Sciences, 17(12), 1983. https://doi.org/10.3390/ijms17121983
Massaad, M., Scuderi, D., Andolina, F., Bellitti, S., Buscaglia, A., Gugliuzza, G., La Sala, G., Mezzano, M., Salsi, G., Tinebra, I., & Farina, V. (2026). Tropical fruits in the Mediterranean Basin: Current research status, priorities, and knowledge gaps. A systematic review. Frontiers in Plant Science, 17, 1817537. https://doi.org/10.3389/fpls.2026.1817537
Nesshöver, C., Assmuth, T., Irvine, K. N., Rusch, G. M., Waylen, K. A., Delbaere, B., Haase, D., Jones-Walters, L., Keune, H., Kovacs, E., Krauze, K., Külvik, M., Rey, F., van Dijk, J., Vistad, O. I., Wilkinson, M. E., & Wittmer, H. (2017). The science, policy and practice of nature-based solutions: An interdisciplinary perspective. Science of the Total Environment, 579, 1215–1227. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2016.11.106
Poore, J., & Nemecek, T. (2018). Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers. Science, 360(6392), 987–992. https://doi.org/10.1126/science.aaq0216
Testa, R., Tudisca, S., Schifani, G., Di Trapani, A. M., & Migliore, G. (2018). Tropical fruits as an opportunity for sustainable development in rural areas: The case of mango in small-sized Sicilian farms. Sustainability, 10(5), 1436. https://doi.org/10.3390/su10051436
Trivellini, A., Lucchesini, M., Ferrante, A., Massa, D., Orlando, M., Incrocci, L., Mensuali-Sodi, A., & Pardossi, A. (2020). Pitaya, an attractive alternative crop for Mediterranean regions. Agronomy, 10(8), 1065. https://doi.org/10.3390/agronomy10081065
Weber, C. L., & Matthews, H. S. (2008). Food-miles and the relative climate impacts of food choices in the United States. Environmental Science & Technology, 42(10), 3508–3513. https://doi.org/10.1021/es702969f
Wezel, A., Gemmill-Herren, B., Bezner Kerr, R., Barrios, E., Gonçalves, A. L. R., & Sinclair, F. (2020). Agroecological principles and elements and their implications for transitioning to sustainable food systems: A review. Agronomy for Sustainable Development, 40, 40. https://doi.org/10.1007/s13593-020-00646-zo
