Agroecología
Agroecología: Por qué la biodiversidad es la verdadera tecnología del futuro
De la simplificación a la complejidad
Durante más de dos siglos, el pensamiento científico dominante ha buscado comprender el mundo descomponiéndolo en sus partes. Este enfoque, definido como reduccionista, ha producido enormes avances tecnológicos, pero ha demostrado sus limitaciones al aplicarse a los sistemas vivos (Capra y Luisi, 2014).
Un campo agrícola, de hecho, no es una máquina. Es un sistema compuesto por plantas, animales, microorganismos, suelo, agua, clima y personas que interactúan continuamente entre sí. Analizar cada elemento por separado no basta para comprender cómo funciona el todo.
La agroecología surge precisamente de esta convicción: para comprender y diseñar sistemas agrícolas sostenibles, es necesario adoptar una visión sistémica, capaz de observar las relaciones, conexiones e interdependencias que generan la vida (Altieri, 2018; Gliessman, 2015).
La teoría de sistemas y las ciencias de la complejidad han puesto de relieve que muchos fenómenos naturales no pueden explicarse únicamente estudiando componentes individuales, sino que requieren el análisis de las relaciones que surgen entre ellos (Capra y Luisi, 2014).
La naturaleza como sistema complejo
Los ecosistemas son ejemplos paradigmáticos de sistemas complejos. Sus propiedades no se derivan simplemente de la suma de sus partes, sino que surgen de las interacciones continuas entre los organismos vivos y el medio ambiente.
Un bosque no es solo un conjunto de árboles, del mismo modo que un agroecosistema no es un simple conjunto de cultivos. Ambos constituyen redes dinámicas en las que la energía, la materia y la información se intercambian y transforman continuamente (Odum y Barrett, 2006).
Según las ciencias de la complejidad, los sistemas naturales poseen una extraordinaria capacidad de autoorganización. Mediante interacciones no lineales y procesos de adaptación continua, surgen propiedades colectivas que confieren estabilidad y funcionalidad al sistema en su conjunto (Prigogine y Stengers, 1981).
Una de las propiedades más importantes es la resiliencia, definida como la capacidad de un sistema para absorber perturbaciones y mantener su estructura y funciones esenciales (Holling, 1973).
El papel de la energía: el secreto oculto de los ecosistemas
Para comprender cómo funcionan los ecosistemas, es necesario seguir el rastro de la energía.
Toda la biosfera depende de la energía solar. Mediante la fotosíntesis, las plantas convierten parte de la energía lumínica en energía química almacenada en la materia orgánica, dando lugar a la denominada productividad primaria (Odum y Barrett, 2006).
La productividad primaria es el motor energético de todo ecosistema. Las redes tróficas, la fertilidad biológica y la capacidad del sistema para sustentar la vida dependen de ella.
Sin embargo, ningún proceso de transformación energética es perfecto. Inevitablemente, parte de la energía se pierde en forma de calor. Este fenómeno se describe mediante la segunda ley de la termodinámica a través del concepto de entropía.
Prigogine demostró que los sistemas vivos son sistemas disipativos: estructuras abiertas que mantienen su orden interno mediante intercambios continuos de energía, materia e información con el entorno (Prigogine y Stengers, 1981).
El gran descubrimiento de la ecología moderna es el reconocimiento de que los ecosistemas más complejos son capaces de utilizar y reciclar la energía de forma más eficiente, limitando los efectos de la disipación y aumentando la estabilidad general del sistema (Odum y Barrett, 2006).
Biodiversidad: Mucho más que una lista de especies
La biodiversidad se define en el Convenio sobre la Diversidad Biológica como la variedad de organismos vivos a nivel genético, de especies y de ecosistemas (CDB, 1992).
A menudo se considera la biodiversidad exclusivamente como un patrimonio natural que debe conservarse. En realidad, representa la base misma del funcionamiento de los ecosistemas.
Cada especie desempeña una función ecológica, cada población conserva un patrimonio genético único y cada relación biológica contribuye a la circulación de energía, materia e información dentro del sistema (Odum y Barrett, 2006).
La biodiversidad sustenta servicios ecosistémicos esenciales para la vida humana, como la polinización, la fertilidad del suelo, la purificación del agua, la regulación del clima y el control biológico de plagas (FAO, 2019).
Por esta razón, la pérdida de biodiversidad no solo conlleva una disminución en el número de especies, sino también una reducción en la complejidad y la capacidad de adaptación de los ecosistemas.
Como observan Capra y Luisi (2014), reducir la complejidad de un sistema vivo significa reducir su capacidad de aprender, adaptarse y evolucionar.
¿Por qué la agricultura moderna se ha vuelto vulnerable?
En las últimas décadas, la agricultura industrial ha buscado la máxima especialización de la producción mediante monocultivos, uniformidad genética y una creciente dependencia de insumos externos.
Este modelo ha permitido aumentos significativos en los rendimientos agrícolas a corto plazo, pero a menudo ha reducido la biodiversidad y la resiliencia de los agroecosistemas (Altieri, 2018).
Según la FAO, aunque se conocen aproximadamente 6000 especies de plantas potencialmente cultivables, solo unos pocos cientos se utilizan para el consumo humano, y gran parte de la producción mundial depende de un número extremadamente limitado de cultivos (FAO, 2019).
Al mismo tiempo, numerosos estudios documentan el declive de la fauna asociada a los entornos agrícolas. En Europa, cientos de millones de aves comunes han desaparecido en las últimas décadas debido a la intensificación agrícola y la pérdida de hábitat (BirdLife International, 2021).
Los insectos polinizadores y muchas otras especies también muestran tendencias negativas, con posibles consecuencias para la estabilidad de la producción de alimentos y el funcionamiento de los ecosistemas (Sánchez-Bayo y Wyckhuys, 2019).
El resultado es una agricultura aparentemente eficiente, pero cada vez más vulnerable a las crisis climáticas, biológicas y económicas.
La solución agroecológica
La agroecología propone un cambio de paradigma.
En lugar de corregir los efectos indeseables de la agricultura industrial mediante nuevas tecnologías, busca rediseñar los agroecosistemas inspirándose en los principios del funcionamiento de la naturaleza (Gliessman, 2015).
El objetivo es aumentar la biodiversidad funcional, fomentar interacciones ecológicas positivas, mejorar la fertilidad biológica del suelo y reducir la dependencia de fertilizantes y pesticidas sintéticos (Altieri, 2018).
La evidencia científica respalda este enfoque. Un amplio metaanálisis de miles de estudios ha demostrado que las prácticas de diversificación agrícola mejoran la biodiversidad y fortalecen numerosos servicios ecosistémicos sin comprometer necesariamente la productividad (Tamburini et al., 2020).
Desde esta perspectiva, la biodiversidad no es un costo, sino una verdadera infraestructura ecológica que genera fertilidad, estabilidad, eficiencia energética y adaptabilidad.
Del campo al cambio social
La transición agroecológica no se limita a las técnicas de cultivo.
Según el modelo propuesto por Gliessman (2015), el cambio se desarrolla mediante un proceso gradual que abarca desde una mayor eficiencia en el uso de los recursos hasta la transformación de todo el sistema agroalimentario.
Esto implica fortalecer las cadenas de suministro cortas, reconectar a productores y consumidores, involucrar a las comunidades locales y redefinir los patrones de consumo.
En Europa, estas perspectivas se reflejan en el Pacto Verde Europeo, la Estrategia «De la Granja a la Mesa» y la Estrategia de Biodiversidad para 2030, que reconocen el papel central de la biodiversidad en la seguridad alimentaria y la resiliencia de los sistemas agrícolas (Comisión Europea, 2020a; 2020b).
En Sicilia, la Ley Regional n.º 21, de 29 de julio de 2021, constituye un importante marco normativo para apoyar la transición agroecológica mediante herramientas operativas, el reconocimiento de las explotaciones agroecológicas y la valorización de la biodiversidad agrícola.
Conclusiones
La lección más importante de la agroecología es que la naturaleza no funciona de forma aislada, sino interconectada.
Cada aumento de la biodiversidad incrementa el número de relaciones ecológicas, la capacidad de utilizar la energía disponible y la resiliencia general del sistema. Por el contrario, cada proceso de simplificación excesiva reduce la capacidad de los ecosistemas para adaptarse al cambio.
El reto para la agricultura del siglo XXI no es simplemente producir más, sino producir mejor, aprendiendo de los mecanismos que la naturaleza ha perfeccionado a lo largo de miles de millones de años de evolución.
Desde esta perspectiva, la biodiversidad representa no solo un valor ético o ambiental, sino la base misma de la seguridad alimentaria, la sostenibilidad económica y la calidad de vida de las generaciones futuras.
Guido Bissanti
Bibliografía
Altieri, M. A. (2018). Agroecology: The Science of Sustainable Agriculture. CRC Press. https://doi.org/10.1201/9780429495465
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Bissanti, G., Dara Guccione, G., Manachini, B., Quatrini, P., & Sturla, A. (2025). Principi e Fondamenti di Agroecologia. Medinova.
Capra, F., & Luisi, P. L. (2014). Vita e Natura. Una visione sistemica. Aboca Edizioni.
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Gliessman, S. R. (2015). Agroecology: The Ecology of Sustainable Food Systems (3rd ed.). CRC Press. https://doi.org/10.1201/b17881
Holling, C. S. (1973). Resilience and Stability of Ecological Systems. Annual Review of Ecology and Systematics, 4, 1–23.
Odum, E. P., & Barrett, G. W. (2006). Fondamenti di Ecologia. Piccin.
Prigogine, I., & Stengers, I. (1981). La Nuova Alleanza. Metamorfosi della Scienza. Einaudi.
Sánchez-Bayo, F., & Wyckhuys, K. A. G. (2019). Worldwide decline of the entomofauna: A review of its drivers.
Biological Conservation, 232, 8–27: https://doi.org/10.1016/j.biocon.2019.01.020.
Tamburini, G., Bommarco, R., Wanger, T. C., et al. (2020). Agricultural diversification promotes multiple ecosystem services without compromising yield. Science Advances, 6(45), eaba1715: https://doi.org/10.1126/sciadv.aba1715.
