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Las plantas perciben

Las plantas perciben, interpretan bioquímicamente y responden a través de sus sistemas inmunitarios

Sí, lo ha leído bien.
La fisiología vegetal moderna también ha comenzado a estudiar el sistema inmunitario de las plantas.
Hoy sabemos que una planta sometida a estrés biótico o abiótico no solo activa una «reacción química», sino que inicia una verdadera y compleja reprogramación metabólica; es decir, una vía bioquímica completa que involucra fitohormonas, metabolitos secundarios, el microbioma y redes bioquímicas altamente integradas (Amin, 2026).
Por lo tanto, moléculas como flavonoides, terpenos, glucosinolatos, fitoalexinas, compuestos fenólicos y moléculas de señalización como el ácido salicílico y los jasmonatos no actúan de forma aislada.
Estas moléculas forman una RED DINÁMICA, capaz de modular la respuesta de la planta según el tipo de estrés, el estado fisiológico, el tejido afectado e incluso la hora del día (Erb y Kliebenstein, 2020; Amin, 2026).
Este enfoque científico se aproxima mucho a la visión agroecológica: la salud de las plantas no depende únicamente de la supresión de patógenos, sino de la capacidad del agroecosistema para mantener su equilibrio, gracias a su nivel de biodiversidad y capacidad de adaptación.
Desde esta perspectiva, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) adquieren un papel sumamente interesante.
Los extractos vegetales, hidrolatos, macerados, productos fermentados, metabolitos y sustancias bioactivas en concentraciones bajas o muy diluidas pueden interpretarse como herramientas capaces de interactuar con los sistemas reguladores de los agroecosistemas sin alterar su equilibrio biológico y apoyando la capacidad ecológica de todo el entorno agrícola.
Entre las sustancias naturales que podrían utilizarse en este sentido se incluyen:
– extractos ricos en flavonoides y polifenoles;
– hidrolatos y aceites esenciales en dosis muy bajas;
– algas y ficocoloides;
– aminoácidos e hidrolizados de proteínas naturales;
– ácidos orgánicos y sustancias húmicas;
– microorganismos beneficiosos y sus metabolitos;
– té de compost y fermentaciones microbiológicas;
– Extractos vegetales obtenidos en la explotación a partir de plantas silvestres;
– Elicitores naturales como quitina, quitosano, laminarina y derivados vegetales;
– Sustancias aromáticas y terpénicas distribuidas en microdosis;
– Preparaciones altamente diluidas utilizadas como estimulantes metabólicos y fisiológicos.
La literatura científica más reciente destaca claramente que la eficacia de muchas moléculas naturales depende no solo de la cantidad distribuida, sino también de su función como «señales metabólicas», capaces de dirigir respuestas de defensa, modificar el metabolismo secundario e influir en las interacciones con el microbioma (Lacchini y Goossens, 2020; Wu et al., 2023).
Además, la función biológica de un metabolito depende de su concentración y del lugar donde se acumula, transporta o libera dentro de la planta y la rizosfera (Amin, 2026).
Este concepto es fundamental para la agroecología: aumentar las dosis no siempre es necesario;
A menudo es más importante comprender cómo activar correctamente cascadas biológicas específicas.
Es importante identificar la preparación inmunitaria y tener en cuenta la memoria epigenética del estrés.
De hecho, tras un estímulo leve y específico, la planta puede prepararse para responder con mayor rapidez, de forma más coordinada y con menor coste a un ataque biótico posterior.
Este estado de «prealerta» implica modificaciones de la cromatina, metilación del ADN, modificaciones de las histonas, regulación transcripcional y redes hormonales (SA/JA/ET), sin requerir necesariamente una respuesta de defensa masiva y continua (Martínez-Medina et al., 2016; Hilker et al., 2019; Parker et al., 2022; Harris et al., 2023).
Desde esta perspectiva, las microdosis, las aplicaciones radiculares, los tratamientos foliares específicos, los elicitores naturales y las preparaciones altamente diluidas pueden interpretarse, con la debida precaución experimental, como herramientas para la modulación fisiológica: no «forzan» a la planta, sino que pueden ayudar a activar o predisponer redes metabólicas, inmunitarias y epigenéticas ya presentes en el sistema vegetal.
El cambio de paradigma, por lo tanto, consiste en pasar de una defensa «impuesta desde fuera» a una resiliencia construida desde dentro del sistema vivo, donde la dosis no es solo la cantidad de sustancia distribuida, sino también la información biológica, el momento de aplicación, la vía de administración y la capacidad de interactuar con la memoria fisiológica de la planta.
Quizás el futuro de la protección vegetal no se base en la fuerza de las moléculas, sino en la capacidad de comprender e interactuar con la fisiología profunda de las plantas y los agroecosistemas.

Francesco di lorenzo
Agrónomo




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