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Agroecología y salud del suelo

Agroecología y salud del suelo: una estrategia contra la desertificación y la degradación

Durante mucho tiempo, la agricultura moderna consideró el suelo simplemente como un soporte físico: un sustrato que se trabajaba, regaba y enriquecía con fertilizantes para lograr cosechas cada vez mayores. Sin embargo, hoy en día esta visión está cambiando profundamente. Un número creciente de estudios demuestra que el suelo es un ecosistema vivo, complejo y dinámico en el que miles de millones de microorganismos cooperan para sustentar la vida vegetal y, en consecuencia, nuestra propia supervivencia.
Bajo cada campo cultivado yace un universo invisible de bacterias, hongos, actinobacterias, protozoos y micorrizas: el microbioma del suelo. Esta extraordinaria red biológica regula la fertilidad, el ciclo de nutrientes, la disponibilidad de agua y la salud de las plantas. Sin esta comunidad microscópica, la agricultura no existiría.

El suelo como organismo vivo
Las plantas, mediante la fotosíntesis, capturan la energía del sol y transforman el dióxido de carbono atmosférico en materia orgánica. Parte de esta energía se transfiere al suelo a través de las raíces, los residuos vegetales y los exudados radiculares, alimentando la actividad de los microorganismos.
Estos organismos descomponen la materia orgánica, liberan nutrientes, forman agregados estables en el suelo y contribuyen a la formación de humus. Esto crea un ciclo continuo de transformación y cooperación que mantiene el suelo vivo y garantiza su fertilidad.
Cuando un suelo es rico en materia orgánica, retiene mejor el agua, resiste la erosión y se vuelve más resistente a los fenómenos meteorológicos extremos. En las regiones mediterráneas, cada vez más expuestas a la sequía y la desertificación, la calidad biológica del suelo es una de las principales defensas contra la degradación ambiental.

Fertilidad biológica y el papel de los microorganismos
La clave reside en que la fertilidad no depende únicamente de la química. Un suelo fértil es, ante todo, un suelo vivo.
La biodiversidad microbiana activa procesos naturales que reducen la necesidad de insumos externos. Algunas bacterias fijan el nitrógeno atmosférico, haciéndolo disponible para las plantas; otras solubilizan fósforo y minerales; muchos hongos establecen relaciones simbióticas con las raíces, mejorando la absorción de agua y nutrientes. Otros microorganismos protegen los cultivos de los patógenos mediante mecanismos naturales de competencia y antibiosis.
Esta nueva perspectiva está transformando radicalmente la relación entre la agricultura y la microbiología. Durante décadas, el mundo microbiano se percibió principalmente como una amenaza que debía combatirse; sin embargo, hoy surge una perspectiva diferente: los microorganismos son aliados indispensables que deben protegerse y gestionarse.

Agroecología: un nuevo paradigma agrícola
Esta visión representa uno de los pilares de la agroecología, un enfoque que considera la explotación agrícola como un ecosistema equilibrado en el que la biodiversidad, el suelo, el agua y los cultivos están estrechamente interconectados.
La agroecología no se limita a reducir los impactos de la agricultura convencional, sino que busca regenerar los procesos naturales que sustentan la productividad agrícola. La rotación de cultivos, los cultivos de cobertura, la reducción de la labranza profunda, el aumento de la materia orgánica y el fortalecimiento de las comunidades microbianas se convierten en herramientas fundamentales para regenerar los suelos y aumentar la sostenibilidad de la producción agrícola.
Desde esta perspectiva, el suelo ya no es simplemente una superficie productiva, sino un organismo vivo capaz de proporcionar servicios ecosistémicos esenciales: secuestrar carbono, retener agua, sustentar la biodiversidad, mejorar la calidad de los alimentos y contribuir a la salud colectiva.

Sicilia y la Ley Regional de Agroecología
En este contexto, la decisión tomada por la Región de Sicilia mediante la Ley Regional 21/2021, de 29 de julio, dedicada específicamente a la agroecología, reviste especial relevancia. Esta ley es innovadora en el panorama italiano, ya que reconoce el valor estratégico de la biodiversidad, la salud del suelo y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas mediterráneos.
La ley promueve prácticas agrícolas orientadas a preservar la fertilidad biológica de los suelos, reducir el uso de insumos químicos, proteger los ecosistemas y potenciar los recursos naturales locales. Los decretos de aplicación fomentan modelos de producción capaces de promover la biodiversidad funcional, la recuperación de materia orgánica y la resiliencia climática de las explotaciones agrícolas.
Esta decisión reviste una importancia estratégica para Sicilia. La isla posee un extraordinario patrimonio agrícola y biológico, pero también está altamente expuesta a los riesgos de erosión, pérdida de carbono orgánico y desertificación. En muchas zonas, la fertilidad del suelo disminuye progresivamente debido al cultivo intensivo, los monocultivos y la reducción de materia orgánica.
Restaurar la vitalidad biológica del suelo no es, por lo tanto, solo una necesidad ambiental, sino también una prioridad económica y social.

Biodistritos y Gobernanza de la Transición Agroecológica
Para garantizar que los principios de la agroecología no se queden en una visión teórica, es necesario desarrollar herramientas concretas de gobernanza territorial capaces de transformar el conocimiento científico en prácticas generalizadas y sostenibles. En este contexto, los biodistritos representan una de las oportunidades más significativas para apoyar la transición ecológica de la agricultura mediterránea.
Un biodistrito no es simplemente un área agrícola dedicada a la agricultura ecológica, sino un modelo de gobernanza territorial en el que agricultores, autoridades locales, universidades, asociaciones, ciudadanos y empresas colaboran para potenciar los recursos ambientales, sociales y económicos de una región.
Este enfoque es totalmente coherente con los principios de la agroecología, ya que sitúa las relaciones ecológicas, la biodiversidad, la calidad del suelo y la sostenibilidad de la producción en el centro de su práctica.
En los territorios más frágiles, como los de Sicilia, los biodistritos pueden convertirse en auténticos laboratorios permanentes de innovación agroecológica. Mediante la planificación compartida, es posible promover prácticas orientadas a la regeneración biológica del suelo, la reducción de insumos químicos y la mejora del microbioma.
La gestión sostenible de la materia orgánica, el uso de cultivos de cobertura, la rotación de cultivos y el aumento de la biodiversidad funcional pueden integrarse en estrategias territoriales coordinadas capaces de generar beneficios ambientales y económicos a gran escala.

El papel de las fincas piloto
Las fincas piloto también pueden desempeñar un papel decisivo, sirviendo como centros de demostración para la transición agroecológica.
Estas fincas pueden experimentar con técnicas innovadoras de gestión biológica del suelo, monitorizar la evolución de la fertilidad microbiológica y demostrar concretamente cómo la salud del suelo puede traducirse en una mayor resiliencia climática, una mejor calidad de la producción y una reducción de los costes relacionados con los insumos externos.
Las granjas piloto también pueden convertirse en centros de formación continua para agricultores, técnicos y estudiantes, promoviendo la difusión de buenas prácticas mediante un enfoque participativo y territorial.
La transición agroecológica requiere no solo innovación técnica, sino también un profundo cambio cultural: es necesario reconstruir una nueva conciencia sobre el papel ecológico de la agricultura y la importancia del suelo como bien común.

Una perspectiva mediterránea para el futuro
Las disposiciones de la Ley Regional Siciliana sobre agroecología ofrecen un marco regulatorio favorable para la creación de redes territoriales entre biodistritos, instituciones de investigación y empresas agrícolas. Sicilia posee todas las condiciones necesarias para convertirse en un modelo mediterráneo de agroecología aplicada: biodiversidad agrícola, tradiciones rurales, experiencia científica y legislación avanzada.
El reto ahora es transformar este potencial en una estrategia concreta y compartida, en la que los biodistritos y las granjas piloto puedan actuar como motores de la regeneración rural.
La verdadera innovación agrícola del futuro puede no depender del aumento de insumos químicos ni de una mecanización extensiva, sino de la capacidad de restablecer el equilibrio entre la agricultura y los procesos naturales. Este equilibrio depende inevitablemente de la protección de la vida invisible del suelo y de la creación de comunidades locales capaces de preservarla y potenciarla.

Conclusión
La fertilidad del futuro podría surgir precisamente de aquello que hemos ignorado durante siglos: la inmensa vida invisible que habita el suelo.
Invertir en la salud del microbioma significa invertir en la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y la sostenibilidad de las economías agrícolas mediterráneas. Significa también reconocer que el suelo no es un recurso inagotable, sino un patrimonio vivo que debe protegerse.
Desde esta perspectiva, la agroecología representa no solo un conjunto de técnicas agrícolas innovadoras, sino una nueva cultura de la relación entre las personas, la naturaleza y la tierra.

Guido Bissanti
Paola Quatrini

Referencias –
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