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El Mediterráneo y el desafío de la desertificación

El Mediterráneo y el desafío de la desertificación: hacia políticas comunes para salvar el suelo y las comunidades.

Desde Sicilia hasta el norte de África, crece una red de experiencias que busca transformar el modelo agrícola. La Red AEMED, con su primer Congreso Mediterráneo de Agroecología (AEMED 2025), retoma la idea de una estrategia común para salvar los suelos, las comunidades y el futuro.
El Mediterráneo se está secando lentamente. No se trata solo de un eslogan, sino de una realidad cada vez más evidente: menos precipitaciones (o tormentas menos beneficiosas y a menudo peligrosas), temperaturas más altas y pérdida de fertilidad del suelo. Un proceso silencioso pero profundo, con un nombre preciso: desertificación.
Y no solo afecta a las zonas aledañas al Sáhara. Hoy en día, este fenómeno también afecta a vastas extensiones del sur de Europa, desde España hasta Grecia, pasando por el sur de Italia. Sicilia, en particular, se considera una de las zonas más expuestas.
Pero reducirlo todo a un problema climático sería un error. La desertificación es también resultado de decisiones humanas: modelos agrícolas intensivos, consumo excesivo de agua y gestión insostenible de la tierra. En otras palabras, es una crisis que surge de la relación entre la sociedad y el medio ambiente.

Una crisis que transforma la vida de las personas
Cuando el suelo se degrada, las consecuencias se extienden rápidamente. Disminuyen las cosechas, bajan los ingresos agrícolas y se debilitan las comunidades rurales. En muchos casos, las personas se ven obligadas a abandonar sus tierras.
Así, la desertificación se convierte también en un problema social: impulsa la migración, aumenta la desigualdad e incluso puede generar tensiones por el acceso a recursos cada vez más escasos, como el agua.
No es casualidad que organizaciones internacionales como la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible consideren la degradación de la tierra uno de los principales desafíos mundiales. La Unión Europea, con el Pacto Verde Europeo, también ha puesto en el centro la necesidad de transformar el sistema agrícola.
Sin embargo, aún falta una respuesta verdaderamente coordinada en el Mediterráneo.

Un cambio de rumbo desde Sicilia
Pero algo está cambiando. En Sicilia, una de las regiones más vulnerables, se aprobó en 2021 una ley centrada en la transición agroecológica (Ley Regional 21, de 29 de julio de 2021). Este término puede parecer técnico, pero engloba una idea sencilla: volver a una agricultura que respete los ciclos naturales.
Menos pesticidas, mayor biodiversidad, un uso más responsable del agua y la valorización de la producción local. No se trata solo de proteger el medio ambiente, sino de fortalecer y hacer más resilientes a las comunidades rurales.
Experiencias similares están surgiendo en otros lugares. Las prácticas de agricultura regenerativa se están extendiendo en Andalucía, mientras que en el norte de África, varios proyectos apoyados por la FAO experimentan con modelos sostenibles en entornos áridos. Señales diferentes, pero que apuntan en la misma dirección.

Agrigento 2025: El encuentro del Mediterráneo
Un momento clave en este camino fue el Congreso AEMED 2025, celebrado en Agrigento. Durante cuatro días, agricultores, investigadores, instituciones y activistas de más de veinte países debatieron sobre un tema común: cómo frenar la desertificación y construir sistemas agrícolas sostenibles.
No fue solo un evento científico. Ante todo, fue un punto de encuentro para diversas experiencias, un intento concreto de construir un lenguaje común.
En el centro del debate se encontraba una convicción compartida: la agroecología no es un nicho, sino la única respuesta sistémica posible a la crisis mediterránea.

La red AEMED: un puente entre territorios y políticas
La red AEMED, reconocida por la FAO como plataforma mediterránea para la agroecología, salió fortalecida de la conferencia. Su ambicioso objetivo es conectar territorios, conocimientos y políticas.
En una zona históricamente fragmentada, AEMED busca tender puentes: entre quienes trabajan la tierra y quienes investigan, entre comunidades e instituciones locales, y entre las experiencias del Mediterráneo septentrional y meridional.
Su valor reside precisamente en esta capacidad de conexión. Una práctica desarrollada en Sicilia puede adaptarse a Túnez; un proyecto nacido en Marruecos puede ofrecer valiosas perspectivas en Grecia. Así es como las soluciones locales pueden convertirse en políticas compartidas.

Un reto que nos concierne a todos
La desertificación no es solo un problema ambiental. Es una cuestión que afecta al futuro del Mediterráneo en su conjunto. Continuar por el camino actual implica aceptar el empobrecimiento progresivo de territorios y comunidades.
Pero existe una alternativa. Las experiencias actuales demuestran que es posible cambiar de rumbo y construir un modelo de desarrollo más equilibrado.
El reto ahora es ir un paso más allá: transformar estas iniciativas en una verdadera estrategia mediterránea, capaz de aunar políticas, territorios y personas.
Porque el destino del Mediterráneo no se decide solo en campos áridos o estadísticas climáticas, sino en las decisiones que se toman hoy.

Conclusión
La desertificación amenaza al Mediterráneo, sus suelos y las comunidades rurales. La Red Mediterránea de Agroecología (AEMED) marca el camino: al unir territorios, conocimientos y prácticas sostenibles, transforma las iniciativas locales en soluciones compartidas. La propuesta consiste en fortalecer AEMED como plataforma mediterránea permanente, apoyándola con recursos y políticas específicas para promover la agroecología, proteger los suelos y garantizar la resiliencia de las comunidades. Solo así el Mediterráneo podrá afrontar la crisis climática y construir un futuro sostenible y compartido.

Guido Bissanti
Coordinación de Agroecología Sicilia

Valentina Palmeri
Red Mediterránea de Agroecología (AEMED)




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