La granja como holobionte
La granja como holobionte: activando/estimulando vías bioquímicas para la regeneración agroecológica
¿Qué pasaría si la explotación agrícola no fuera una simple suma de campos, cultivos, insumos y máquinas, sino un organismo vivo único, dotado de su propia fisiología, memoria ecológica y capacidad intrínseca de adaptación?
Esta pregunta ya no pertenece únicamente a la filosofía agrícola.
En los últimos años, la biología de sistemas, la ecología microbiana y la agroecología están convergiendo hacia una visión en la que la vida agrícola se interpreta como un sistema integrado de relaciones, en lugar de una secuencia de intervenciones técnicas independientes (Gilbert et al., 2012; Vandenkoornhuyse et al., 2015).
Del concepto de holobionte al ecoholobionte
El concepto de holobionte describe una entidad biológica compuesta por un organismo huésped y el conjunto de comunidades microbianas asociadas de forma estable, consideradas como una única unidad funcional (Bordenstein y Theis, 2015; Rosenberg y Zilber-Rosenberg, 2016). En el campo de la agroecología, esta visión ha transformado profundamente la comprensión de la nutrición, la defensa y la adaptación al estrés, destacando el papel central de los microbiomas de la rizosfera, la endosfera y la filosfera (Vandenkoornhuyse et al., 2015).
En su artículo «Eco-holobionte: Un nuevo concepto para identificar los impulsores de los microorganismos asociados al huésped», Singh, Liu y Trivedi (2020) introducen una extensión conceptual crucial: el microbioma no es simplemente una propiedad del huésped, sino el resultado dinámico de factores ecológicos y de gestión como el suelo, el clima, la biodiversidad, las perturbaciones y las prácticas agrícolas.
El eco-holobionte se convierte así en un sistema abierto y flexible, que se reorganiza continuamente según las condiciones ambientales y las decisiones del agricultor (Singh et al., 2020).
La granja como holobionte
Traducir este paradigma a la agroecología implica cambiar nuestra perspectiva: la finca en sí misma puede considerarse un holobionte. Un sistema en el que:
• cultivos,
• suelo y microbiomas,
• insectos benéficos, fauna del suelo y plantas silvestres,
• agua, aire y prácticas agronómicas
no actúan por separado, sino como una red viva de interacciones bioquímicas e informativas.
Desde esta perspectiva, la fertilidad, la resiliencia y la productividad agroecológica surgen de la coherencia funcional del sistema, no de la simple adición de insumos externos (Altieri et al., 2015; Wezel et al., 2020).
Cada intervención es una señal, no solo un insumo.
Si la finca es un holobionte, entonces cada intervención agronómica se convierte en una señal biológica.
Fertilizantes orgánicos, bioestimulantes, extractos vegetales, microorganismos, cultivo del suelo: todo es percibido, interpretado e integrado por el sistema en su conjunto.
Aquí, sin embargo, surge una distinción clave: cantidad de materia versus calidad de la información biológica.
Diluciones: De la materia a la información
El uso de componentes bióticos del holobionte, como microbios y sus consorcios, metabolitos secundarios individualmente o como fitocomplejos, y extractos de plantas altamente diluidos, no debe interpretarse como una reducción de la eficacia, sino como un cambio de lenguaje.
Dilución:
• reduce el impacto químico directo y, por lo tanto, los insumos;
• limita las perturbaciones ecológicas y agroecológicas;
• amplifica la función de señalización del estímulo bioquímico.
No se trata de «alimentar» el sistema, sino de activar respuestas endógenas ya presentes en el repertorio fisiológico del holobionte (Compant et al., 2019).
Hormesis: Pequeños estímulos, grandes respuestas
Esta lógica encuentra una base sólida en el principio biológico de la hormesis, que describe respuestas no lineales dependientes de la dosis, en las que los estímulos débiles y no tóxicos inducen adaptaciones positivas, mientras que las dosis altas son inhibitorias o perjudiciales (Calabrese y Baldwin, 2003; Calabrese, 2014).
En la agricultura, la hormesis se ha documentado para:
• elicitores bióticos,
• metabolitos secundarios,
• señales microbianas,
• estreses abióticos moderados,
con efectos sobre la eficiencia metabólica, la defensa y la resiliencia (Vargas-Hernández et al., 2017).
Señalización Metabólica: El Verdadero Objetivo
El verdadero objetivo de las diluciones no es el crecimiento directo de la planta, sino las vías bioquímicas, las vías metabólicas.
Fenoles, terpenos, alcaloides, ROS transitorias, señales redox y fitohormonas constituyen el lenguaje bioquímico mediante el cual plantas, microbios y fauna se comunican, se reconocen y modulan mutuamente sus funciones (Pieterse et al., 2014; Erb & Reymond, 2019).
Diluciones:
• reactivan las vías de señalización existentes,
• restablecen el diálogo planta-microbio-suelo,
• fortalecen los ciclos de retroalimentación positiva,
• reorganizan las prioridades metabólicas del sistema.
Marco Conceptual Operativo
Holobionte Corporativo
→ Estímulo Biótico Altamente Diluido
→ Respuesta Hormética No Lineal
→ Activación de la Vía Metabólica
→ Cascadas Metabólicas y Microbianas
→ Reorganización Funcional del Holobionte
→ Mayor Estabilidad, Resiliencia y Coherencia Agroecológica
El marco anterior integra directamente el holobionte, las diluciones, la hormesis y la señalización en una única lógica sistémica, en consonancia con la teoría del ecoholobionte (Singh et al., 2020).
Por Qué Esta Visión Es Crucial para la Agroecología
Adoptar una visión holobionte/agroecológica de la finca significa:
• reducir la dependencia de insumos externos,
• mejorar los recursos biológicos internos,
• trabajar con procesos naturales complejos,
• construir sistemas agrícolas resilientes a largo plazo. Esto no es un atajo técnico, sino un cambio de perspectiva que requiere observación, atención al sistema y la capacidad de interpretar señales débiles.
Francesco Di Lorenzo
Agrónomo
Referencias clave
Altieri, M. A., Nicholls, C. I., Henao, A., & Lana, M. A. (2015). Agroecology and the design of climate change-resilient farming systems. Agronomy for Sustainable Development, 35, 869–890. https://doi.org/10.1007/s13593-015-0285-x
Bordenstein, S. R., & Theis, K. R. (2015). Host biology in light of the microbiome: Ten principles of holobionts and hologenomes. PLoS Biology, 13(8), e1002226. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1002226
Calabrese, E. J., & Baldwin, L. A. (2003). Hormesis: The dose–response revolution. Annual Review of Pharmacology and Toxicology, 43, 175–197. https://doi.org/10.1146/annurev.pharmtox.43.100901.140223
Compant, S., Samad, A., Faist, H., & Sessitsch, A. (2019). A review on the plant microbiome. Journal of Advanced Research, 19, 29–37. https://doi.org/10.1016/j.jare.2019.03.004
Gilbert, S. F., Sapp, J., & Tauber, A. I. (2012). A symbiotic view of life. Quarterly Review of Biology, 87(4), 325–341. https://doi.org/10.1086/668166
Pieterse, C. M. J., et al. (2014). Induced systemic resistance by beneficial microbes. Annual Review of Phytopathology, 52, 347–375. https://doi.org/10.1146/annurev-phyto-082712-102340
Singh, B. K., Liu, H., & Trivedi, P. (2020). Eco-holobiont: A new concept to identify drivers of host-associated microorganisms. Environmental Microbiology, 22(2), 564–567. https://doi.org/10.1111/1462-2920.14900
Vandenkoornhuyse, P., et al. (2015). The importance of the microbiome of the plant holobiont. New Phytologist, 206(4), 1196–1206. https://doi.org/10.1111/nph.13312
Vargas-Hernández, M., et al. (2017). Plant hormesis management with biostimulants. Frontiers in Plant Science, 8, 1762. https://doi.org/10.3389/fpls.2017.01762
