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Diversificar los sistemas agroalimentarios

Diversificar los sistemas agroalimentarios

Los datos de la FAO y otros organismos e institutos de investigación a nivel global confirman que la biodiversidad agrícola está colapsando a un ritmo muy rápido, un factor muy peligroso, tanto para la estabilidad de los sistemas agrícolas y ecológicos como para la seguridad y salubridad de los alimentos.
Lo alarmante es que, aunque se conocen más de 50.000 especies de plantas cultivables, las que realmente se utilizan en la producción de alimentos son unas 200, y el 66% de la producción agrícola mundial se compone de sólo nueve especies (caña de azúcar, arroz, maíz, trigo, patata, soja, palma aceitera, remolacha azucarera, mandioca). Lo mismo ocurre con las proteínas animales: si bien se crían alrededor de cuarenta especies, hay pocas de las que dependemos para obtener carne, leche y huevos.
La diversificación de los sistemas agroalimentarios trae consigo diversos beneficios tanto a nivel económico como ambiental y social. Brevemente, podemos indicar la utilidad de la biodiversificación de estos sistemas en los siguientes factores.
Reducción de riesgos: La diversificación reduce el riesgo de fracaso debido a eventos extremos como enfermedades de cultivos, desastres naturales o cambio climático. Si una finca depende de un solo cultivo o especie animal y se ve afectada por un problema, todos los ingresos de la finca están en riesgo. La diversificación le permite distribuir el riesgo entre múltiples activos.
Estabilidad económica: la diversificación permite a los agricultores tener fuentes de ingresos mayores y más estables durante todo el año. Por ejemplo, al cultivar una variedad de cultivos estacionales, un agricultor puede asegurar un flujo constante de ingresos durante todo el año en lugar de depender de una sola temporada de cosecha.
Conservación de la biodiversidad: la diversificación contribuye a la conservación de la biodiversidad agrícola. Cultivar una amplia gama de cultivos y razas de animales ayuda a preservar la diversidad genética y reduce el riesgo de extinción de especies.
Sostenibilidad ambiental: los sistemas agrícolas diversificados tienden a ser más sostenibles ambientalmente. Por ejemplo, la rotación de cultivos puede mejorar la salud del suelo y reducir la dependencia de fertilizantes químicos y productos fitosanitarios. Además, la diversificación puede ayudar a conservar el agua y reducir la erosión del suelo.
Beneficios para la salud: la diversificación de los sistemas agroalimentarios puede conducir a una mayor disponibilidad de una variedad de alimentos, contribuyendo a una dieta más equilibrada y nutritiva para las comunidades locales.
En definitiva, la diversificación de los sistemas agroalimentarios debe ser la apuesta de las futuras Políticas Agrarias, para ofrecer una serie de ventajas para la resiliencia, la sostenibilidad y el bienestar de las comunidades agrícolas, de la sociedad en su conjunto y de los equilibrios ecológicos.
Pero la diversificación de los sistemas agrícolas no es posible a menos que se implemente un programa serio y complejo de conversión de los sistemas económicos; desde los lineales actuales hasta los de economía circular. En pocas palabras, es necesario que la biodiversificación de los sistemas agrícolas corresponda a una serie de incentivos e inversiones, especialmente para los jóvenes y las startups, para crear microsistemas y microeconomías de transformación de estos productos.
Principio fundamental, entre otras cosas, para la creación de sistemas agroecológicos eficientes.
De hecho, en el mundo existen infinidad de plantas de las que obtener alimentos y otros productos.
De forma muy esquemática podemos dividir estas plantas en algunas categorías, como por ejemplo:
Plantas alimenticias –
Plantas ornamentales –
Plantas aromáticas –
Plantas oficinales –
Plantas medicinales –
Plantas textiles –
Plantas de teñido –
Plantas leñosas –
Plantas para biocombustibles.
A lo que se pueden sumar plantas para la fitodepuración, plantas útiles para la polinización, la repulsión de insectos fitófagos, etc., factor que facilitaría notablemente la técnica de intercultivo y rotación, otro elemento fundamental de la agroecología.
Echemos un vistazo más de cerca a los números de las distintas plantas.
Plantas alimenticias
La cantidad de plantas alimenticias varía según las fuentes y clasificaciones utilizadas. Sin embargo, algunas estimaciones generales pueden proporcionar una visión general útil.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), existen aproximadamente 50.000 especies de plantas comestibles en el mundo. Sin embargo, de ellos sólo una pequeña fracción se cultiva y utiliza a gran escala. Regularmente se cultivan aproximadamente entre 150 y 200 especies de plantas para el consumo humano, y entre ellas, sólo unas veinte proporcionan entre el 80 y el 90% de las calorías consumidas por la humanidad. Las principales plantas alimenticias incluyen cereales como el arroz, el maíz y el trigo, legumbres, tubérculos como la papa y la yuca, y diversas frutas y verduras.
Entre las plantas alimenticias, las leguminosas (familia Fabaceae) desempeñan un papel particularmente importante.
Las legumbres son numerosas y muchas de ellas se utilizan en el sector alimentario. Además de las más conocidas, como las judías, los guisantes, las lentejas, los garbanzos, las habas y el maní, existen muchas otras variedades menos conocidas que se consumen en diferentes partes del mundo. En total, existen cientos de especies de leguminosas utilizadas como alimento.
Así, si bien el número total de plantas alimenticias potencialmente utilizables es muy elevado, la diversidad realmente explotada para la nutrición humana a gran escala es mucho más limitada.
Plantas aromáticas
El número de plantas aromáticas es difícil de establecer precisamente porque depende de los criterios con los que se definen y clasifican. Sin embargo, se estima que existen varios cientos de plantas aromáticas comúnmente reconocidas y utilizadas en diversas partes del mundo. Las plantas aromáticas se caracterizan típicamente por la presencia de aceites esenciales que les confieren un aroma distintivo. Ejemplos conocidos son la albahaca, el romero, la menta, el tomillo, el orégano, la salvia, la lavanda y muchos otros.
Si se considera la amplia variedad de especies botánicas que producen compuestos aromáticos, el número puede aumentar significativamente. La botánica reconoce que muchas plantas, aunque no se utilizan tradicionalmente con fines culinarios o medicinales, poseen propiedades aromáticas.
En resumen, el número exacto varía, pero comúnmente hablamos de varios cientos de plantas aromáticas conocidas y utilizadas a nivel mundial.
Plantas oficiales y medicinales
El número de plantas medicinales, es decir, las utilizadas con fines terapéuticos, medicinales, cosméticos o alimentarios, es muy amplio y varía según las fuentes y clasificaciones.
El número exacto de plantas medicinales y medicinales varía según las fuentes y los criterios utilizados para clasificarlas. Fuentes autorizadas como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro de Vigilancia de la Conservación Mundial (WCMC) del PNUMA proporcionan estimaciones e información detallada sobre la cantidad de plantas medicinales y medicinales y sus aplicaciones.
Se estima que existen entre 25.000 y 70.000 especies de plantas utilizadas en la medicina tradicional y moderna en todo el mundo. Esta amplia gama refleja la diversidad de prácticas medicinales en diferentes culturas y regiones del planeta, así como el continuo descubrimiento de nuevas especies y aplicaciones terapéuticas.
Plantas textiles
Las plantas textiles se utilizan principalmente para la producción de fibras para la industria textil. Existen diferentes especies de plantas textiles, cada una con características únicas que las hacen adecuadas para tipos específicos de procesamiento y productos finales. Entre las principales plantas textiles recordamos:
– Algodón (Gossypium spp.): la planta textil más extendida en el mundo, utilizada para producir tejidos de algodón.
– Lino (Linum usotatissimum): se utiliza para producir tejidos de lino, conocidos por su resistencia y capacidad para absorber la humedad.
– Cáñamo (Cannabis sativa): se utiliza para producir tejidos de cáñamo, conocidos por su durabilidad y resistencia al moho.
– Yute (Corchorus spp.) – utilizado para producir tejidos de yute, comúnmente utilizados para sacos y embalajes.
– Ramié (Boehmeria nivea) – utilizado para producir tejidos de ramio, conocido por su brillo y resistencia.
– Sisal (Agave sisalana): se utiliza para producir cordeles y tejidos crudos.
– Kapok (Ceiba pentandra): se utiliza para rellenos y tejidos ligeros.
– Abacà (Musa textilis) – se utiliza para producir tejidos muy resistentes, a menudo utilizados en productos como cuerdas y bolsos.
– Fibra de coco (Cocos nucifera): se utiliza para productos como alfombras y colchones.
Además de estas, existen otras plantas que aportan fibras que pueden ser utilizadas en el sector textil, aunque menos comunes o utilizadas en nichos específicos. En total, se puede estimar que existen varias decenas de especies de plantas utilizadas en la producción textil, aunque el número exacto puede variar según las fuentes y los criterios de inclusión.
Plantas de teñido
El número de plantas colorantes puede variar según las fuentes y definiciones utilizadas. Hay cientos de plantas diferentes que se pueden utilizar para producir tintes naturales, pero no existe una lista definitiva ni un número preciso que las identifique a todas. Algunas fuentes pueden mencionar unas pocas docenas, mientras que otras pueden mencionar más de cien.
Además, las plantas tintóreas también pueden variar según la región geográfica en la que se cultivan y utilizan, por lo que esto podría influir en la lista de plantas consideradas plantas tintóreas en diferentes culturas y tradiciones.
Plantas leñosas
El número exacto de especies vegetales de las que se obtiene la madera, obviamente, no es fijo y puede variar en función de diversas consideraciones. Sin embargo, se estima que existen miles de especies de árboles en todo el mundo que se utilizan para producir madera. Algunas de las especies más comunes utilizadas en la industria maderera incluyen el roble, el pino, el abeto, el haya y muchas otras. La diversidad de plantas maderables refleja la amplia gama de entornos naturales en los que crecen y las diferentes necesidades de producción de madera en todo el mundo. Fomentar el uso de la madera en muchas tecnologías y productos también aportaría importantes beneficios en el ámbito de la emisión/absorción de CO2.
Plantas para biocombustibles
Existen varias plantas a partir de las cuales se pueden producir biocombustibles, pero algunas de las más comunes son el maíz, la caña de azúcar, la soja, la canola, el girasol y el álamo. Estas plantas pueden usarse para producir biocombustibles como etanol y biodiesel, que pueden usarse como sustitutos de los combustibles fósiles en el transporte y la industria. Sin embargo, la extracción de biocombustibles de estas plantas plantea interrogantes sobre la eficiencia energética, el impacto ambiental y la competencia con la agricultura alimentaria.
A todo esto hay que sumarle las especies ganaderas, muy importantes en el equilibrio de los sistemas agrícolas, que además, como se ha dicho, están en rápida disminución, y hongos, algas, etc.
De esta ficha resumen queda claro cómo se debe aumentar la biodiversidad agrícola con un programa serio de políticas internacionales, como la PAC en Europa.
Para hacer esto necesitamos una reescritura total de estos conectando los sistemas de producción con los sistemas sociales; En definitiva, es necesario reestructurar los fondos de apoyo hacia la implementación de una Economía Circular seria y concreta que conecte investigación, inversiones y asistencia a empresas agrícolas, con investigación, inversiones y asistencia a startups y jóvenes que quieran transformar sus productos en los distintos sectores mencionados.
Este enfoque también permitiría acortar las distancias entre quienes producen y quienes transforman y utilizan (con efectos positivos en la reducción de emisiones que alteran el clima), la recuperación de áreas internas, debido a los beneficios que este tipo de microeconomía implementaría, y el reequilibrio de un sistema social fuertemente dominado por monopolios y oligopolios multinacionales.
Todo ello en beneficio de acelerar esa transición agroecológica aún poco conocida, en sus múltiples facetas, reconvirtiendo también el modelo simplista de ayudas y regímenes ecológicos, adoptado en la PAC, y de medidas de inversión. Una verdadera y nueva revolución verde.

Guido Bissanti




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