Incendios y responsabilidad política

Incendios y responsabilidad política

La temporada de calor, que con el cambio climático parece volverse cada vez más generalizada y devastadora, trae consigo, cada año, el grave problema de los incendios de grandes aires en los territorios rurales y naturales de nuestra península.
Un fenómeno que adquiere mayores proporciones y dimensiones en los territorios del sur como Calabria, Sicilia y Cerdeña.
Y así cada año asistimos a este complejo fenómeno que trae consigo una sola consecuencia: la pérdida de un patrimonio naturalista, agrícola y por tanto social de grandes proporciones.
Una pérdida que lleva a la destrucción de una biodiversidad invaluable (también desde el punto de vista económico), a la pérdida de cultivos enteros (con un éxodo cada vez más marcado del campo) y a la progresiva desertificación de un país que no ha podido Comprender, en las últimas décadas., la complejidad del problema con el fin de tomar las iniciativas adecuadas, tanto legislativas como técnicas y económicas.
Al respecto, les informo un pasaje importante en un post * de fecha 27 de julio de 2021 que apareció en Facebook, que dice: … «Se necesitan conocimientos técnicos (y aquí les recordamos que NINGUNO de los numerosos cientos de técnicos formados por la universidad Los cursos de ciencias forestales forman parte del personal forestal regional,) se necesita una planificación general que parta del conocimiento de las características de los bosques sicilianos, de los factores que predisponen los incendios y que viene a predecir el comportamiento del fuego para planificar y organizar la fase de contraste y extinción y, antes de eso, implementar todas las intervenciones preventivas. «…
No podemos dejar de estar de acuerdo con estas afirmaciones, como informé en mi contribución del 07/02/2017.
No se puede dejar de comprender la unidad entre la presencia humana y las relaciones con la naturaleza, como informé en otra contribución del 23/07/2021.
La cuestión es obviamente compleja pero en la base hay un denominador común: la insuficiencia de una visión política (que tiene profundas raíces históricas) que tiene responsabilidades tanto internacionales como obviamente locales. Una visión que nunca ha visto el territorio como una cosa unitaria, de un tejido hecho de naturaleza, personas, actividades.
Una falta de planificación, en la base de la cual existe, sin embargo, además de una legislación obsoleta en el sector forestal y la prevención de eventos calamitosos y / o maliciosos o negligentes (como incendios), una visión errónea de lo ecológico y social. dinamismo del único cuerpo que es el sistema hombre-territorio.
Estamos asistiendo a un concepto más pobre de una transición ecológica (que en cambio debería ser una conversión ecológica) donde casi todos los aspectos (si no todos) se afrontan en forma numérica, del PIB, de las energías eléctricas, etc., con el riesgo de devastar un tejido. .ecológico y social que fue el resultado de un delicado equilibrio madurado durante miles de años.

Canadair in azione

Es el fracaso definitivo del liberalismo y de esa economía capitalista que no quiere dar paso a un modelo ecológico integral y sistémico de proponer la planificación de los componentes de la Vida.
Los drones, las tecnologías digitales, los guardabosques, los ejércitos o soluciones de este tipo no son suficientes si el tema no se aborda de forma conjunta.
¿Cuál es el propósito de cerrar, en paridad, el presupuesto anual de las cuentas económicas del Estado o de las Regiones con estatuto autonómico, cuando perdemos activos naturales y productivos que, traducidos en términos económicos y monetarios, valen varias veces el valor económico? cuentas de estos instrumentos.
Parece estar presenciando una farsa que tiene muy poca composición teatral corta y contenido cómico.
Sin embargo, estamos siendo testigos de discusiones, de no aprobar normas y decretos ni siquiera por unos pocos euros cuando la legitimidad del acto legislativo se contrapone a un abismo político de enormes proporciones.
¿De qué sirve tener un presupuesto estatal equilibrado si la riqueza que recibirán nuestros hijos y nietos será solo una fracción de lo que nos dejaron nuestros padres?
¿A qué presupuesto tendrán que apelar?
Sin embargo, el escenario es cada vez más alarmante e incluso aquí, para despejar cualquier duda, no se necesitan ni las penas más duras (que son absolutamente necesarias) para resolver el problema.
Si bien la Unión Europea está lanzando la Estrategia de Biodiversidad para 2030, junto con la de la Granja a la Mesa de 2020, solo en 2021 hemos dado un paso atrás hasta ahora que hemos hecho ineficaces más de 10 años de estas estrategias.
Como si dijera que “Dum Romae consulitur, Saguntum expugnatur”.
Llegados a este punto, como acertadamente cita el citado post «… Para contrarrestar eficazmente un fenómeno tan complejo y descontrolado, serían necesarias opciones y soluciones complejas, sinérgicas, innovadoras y radicales, y sobre todo una política y clase gerencial consciente de los efectos devastadores del fenómeno y técnica y culturalmente adecuada «…
Lo que traducido en términos concretos significa que, al reanudarse la actividad legislativa, después de la pausa estival, el primer punto de la agenda de los Gobiernos responsables debe ser el de una planificación global del tema, no dejándolo a intervenciones inconexas sino donde los temas tales como, patrimonio forestal, agroecología, estrategia para el interior, producción de alimentos, energías renovables, etc. se ven con una nueva visión.
Una visión que solo puede surgir con un proyecto que sitúe la escucha de esas excelencias culturales, científicas y técnicas en el centro de la política en la que nuestra tierra es insuperable y que muchas veces viven (porque piensan) al margen de la política.
Si la Política da este paso, incluso en su complejidad, el resultado será cierto y no tardará en llegar, de lo contrario no habrá Sagunto que conquistar.

Guido Bissanti

* Publicación firmada por:
– Giuseppe Barbera, académico emérito, Academia Italiana de Ciencias Forestales, Florencia;
– Donato S. La Mela Veca, Catedrático de Montes, Universidad de Palermo.




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