Cómo se cultiva la flor amarilla

Cómo se cultiva la flor amarilla

La flor amarilla (Diplotaxis tenuifolia (L.) DC.) Es una planta herbácea perenne de la familia Brassicaceae.
Esta planta es originaria de la Europa central, meridional y mediterránea. Muy extendido en todas las regiones de Italia y es común en lugares ruderales y baldíos donde prefiere suelos calcáreos.
Esta planta se puede cultivar durante todo el año, en suelo arenoso y en un lugar soleado hasta 1000 m s.n.m.

Técnica de cultivo –
La flor amarilla es una planta que se multiplica con gran facilidad, partiendo de semilla, incluso de forma espontánea.
Es una planta que conviene cultivar, si es posible, en suelos arenosos, calcáreos y soleados. Para obtener una producción de hojas más constante es recomendable regar y podar las plantas con frecuencia para evitar que la planta entre en flor, manteniendo las hojas tiernas y muy aromáticas.
De hecho, conviene recordar que la flor amarilla florece de forma continua, en el período comprendido entre los meses de mayo y octubre.
Si la planta se cosecha de forma espontánea es recomendable no recolectar las que crecen al borde de las carreteras ya que la planta tiende a acumular contaminantes y material particulado y las plantas que crecen en el interior o en el borde de los campos cultivados donde se realiza una fertilización con nitratos.
Estas plantas, aunque más frondosas y tiernas, tienden a acumular nitratos, que son compuestos poco agradables para nuestro organismo.
Por ello, la materia orgánica procedente de abonos naturales (estiércol maduro, humus de lombriz, compost, etc.) debe distribuirse en el suelo antes de la siembra.

Recolección y almacenamiento –
Por lo tanto, la flor amarilla debe cultivarse sin la ayuda de fertilizantes sintéticos y la cosecha se puede escalar tomando siempre las hojas más tiernas, posiblemente usándolas tan pronto como se cosechen.
Las hojas se utilizan en la cocina para dar sabor a ensaladas, tortillas, quesos, pizzas, platos de carne.
Estos también tienen propiedades terapéuticas: diuréticas, astringentes, vitamínicas, expectorantes.
Las mejores propiedades terapéuticas se derivan de plantas que crecen espontáneamente y en lugares alejados de centros habitados y campos cultivados, si no de forma orgánica.




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