Fotovoltaica si, Fotovoltaica no

Fotovoltaica si, Fotovoltaica no

El tema de las energías renovables, y por tanto no solo de la fotovoltaica, es un tema que con demasiada frecuencia se analiza de forma exclusivamente técnica sin una valoración más profunda de los efectos sobre la dinámica social y ecológica.
La sociedad, tal como la conocemos hoy, especialmente en las economías industrializadas, es hija del paradigma generado por las fuentes fósiles: petróleo, carbón, nuclear, que han transformado por completo nuestras vidas.
La transición de las fuentes fósiles a las renovables no se puede analizar única y exclusivamente en términos de viabilidad y costos / beneficios (propios de la cultura reduccionista y tecnocrática) sino también y sobre todo en términos de reorganización socioecológica.
La razón fundamental de este aspecto está ligada a la cuestión de que las energías fósiles tienen una distribución muy localizada (depósitos, minas, plantas de producción, etc.) mientras que las energías renovables, por su naturaleza, están ligadas a una distribución territorial generalizada (viviendas, tierra, mar, fuentes de agua, viento, etc.).
Para una aclaración adecuada, las fuentes renovables se enumeran según su distinción clásica:
– biocombustible;
– biomasa;
– Geotermia;
– Hidroelectricidad;
– Solar;
– mareomotriz;
– Forma ondulada;
– Energía eólica.
De estas fuentes, las relacionadas con biocombustibles, biomasa, energía solar y eólica, pueden tener relación con hogares civiles, con tierras agrícolas o no y con asentamientos directamente gestionables por ciudadanos individuales o sus organizaciones.
Esto significa que el modelo de producción / distribución, pasando de las energías fósiles a las renovables, estará mucho más distribuido, dando como resultado un modelo de democracia energética que en mi libro * definí Democracia Energética; es decir, de esa forma de aspecto ulterior de la democracia que está ligada no solo a nuestro modelo de Derechos / Deberes sino también a nuestra participación en el modelo de Uso / Producción de las energías del futuro.
A la capacidad de producir además de bienes, ligada al antiguo derecho a la propiedad y al derecho a hacer negocios, se agrega otra forma de ley.
Todo esto, evidentemente, implica un reordenamiento de los modelos sociales, y por tanto del Estado, pero también una responsabilidad ecológica ya que las fuentes renovables son renovables sólo si se respetan ciertos criterios termodinámicos y ecológicos; algo que los diseñadores improvisados ​​o planificadores de fuentes renovables suelen pasar por alto.
Así, para entrar en los detalles de una de las fuentes, actualmente más debatidas, a saber, las de energía solar fotovoltaica y solar térmica, es necesario aclarar que estas fuentes renovables deben ser sometidas a unos criterios que tienen repercusiones muy fuertes, así como de carácter ecológico , de carácter sociológico (que casi siempre se descuida).

De hecho, en plantas grandes, la simple EIA (Evaluación de Impacto Ambiental) y / o la VIncA (Evaluación de Impacto Ambiental) no es suficiente en el caso de plantas en áreas de la Red Europea de la Naturaleza (SIC, ZPS, etc.).
La construcción de grandes sistemas fotovoltaicos en suelo agrícola, asumiendo que la EIA da, con todas sus prescripciones, una opinión positiva, conlleva una serie de consecuencias:
– Cambio en el sistema legal sobre fuentes renovables y Ley de Energía;
– Cambio parcial de cultivo o, en algunos casos, el uso previsto de la tierra agrícola;
– Impacto directo e indirecto sobre el valor de la tierra;
– Modificación del hábitat, con repercusiones en los equilibrios ecológicos;
– Resta de cobertura verde potencial útil para la absorción de CO2;
– Cambios en la permeabilidad del suelo y la dinámica del agua del suelo;
– Impacto social en las comunidades locales y su dinámica.
– Y más.
Dejando a un lado los aspectos ecológicos (modificación de hábitats, permeabilidad de suelos, etc.) conviene subrayar cómo la inserción de un panel fotovoltaico, donde anteriormente había un cultivo agrícola, traduce la capacidad productiva de un agricultor (quedando el su condición jurídica) de productor de alimentos a productor de energía parcial o exclusivo.
Aclaremos aquí, si alguien alguna vez se lo pasó por alto, que los alimentos forman parte de la producción de energía, aunque sea en forma de fuente alimentaria, por lo que el criterio de introducir paneles en terrenos agrícolas donde anteriormente se producían alimentos, desde Desde el punto de vista de la eficiencia energética, todo debe revisarse y recalcularse. De hecho, es posible que en el balance: energía producida antes de la introducción del panel / energía producida después de la introducción del panel, pueda ir con pérdidas.
No olvidemos, además de lo dicho, que nos espera un futuro en el que se deben salvaguardar cuidadosamente las fuentes de alimentos para alimentar a toda la humanidad.
En todo ello, y no tanto en un horizonte temporal lejano, se inserta la agroecología como esa fuente de producción de alimentos que, siguiendo con atención los principios de la termodinámica de los sistemas ecológicos, tiende a mejorar la eficiencia energética (además de obviamente ecológica) de los la producción de alimentos.
Por tanto, la inclusión de sistemas fotovoltaicos en suelo agrícola quizás debería planificarse aguas arriba con una visión más actualizada de las que fueron, además, las últimas indicaciones, dentro del Green Deal, del F2F (Farm to Fork), que ve en la Agroecología la forma de resolver, con un solo modelo, todas las distorsiones de carácter sociológico y de uso agrícola de la tierra de las últimas décadas.
Esto significa que el derecho / deber a la energía está en consonancia con el papel ecológico que cada agricultor puede desempeñar para sí mismo y para la comunidad en la que vive.
La tendencia hacia la creación de mega centrales, en el ámbito rural, nos parece que va en una dirección peligrosa y sobre todo contra el modelo de Generación Distribuida.
De hecho, parece necesario reiterar que, en el campo de la ingeniería eléctrica y la distribución de electricidad, la generación distribuida (GD) generalmente significa la producción de electricidad en pequeñas unidades eléctricas de autoproducción dispersas o ubicadas en varios puntos. del territorio y conectado directamente a la red de distribución eléctrica. Se trata, por tanto, de una producción descentralizada, que se diferencia del modelo centralizado tradicional, que prevé la generación de electricidad concentrada en unas pocas grandes centrales eléctricas conectadas a la red de transporte eléctrico.
Por tanto, si tenemos que crear una civilización que vuelva a hacer las paces consigo misma y con el territorio que la rodea (ecosistema), no podemos desconocer los paradigmas modernos que subyacen a lo afirmado hasta ahora con la ecología social, con la agroecología y con Generación Distribuida en el campo de la electricidad.
Obviamente, estas consideraciones deben estar sujetas a una profunda visión política que ya no puede permitirse abordar todas las cuestiones que conectan a la Humanidad y al Planeta con un enfoque reduccionista (banalizador). Si tenemos que avanzar hacia la Democracia Energocrática, se deben establecer nuevas reglas, evitando «Cerrar el establo después de que los bueyes se hayan escapado».
La naturaleza exige un nuevo respeto.

Guido Bissanti

* Bissanti G., (2015) – ¿Te gusta el Titanic? – Aracne Editrice – Roma.




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