Cambio climático

Cambio climático

El término cambio climático, en climatología, indica las variaciones del clima de la Tierra.
El cambio climático puede adoptar diferentes escalas espaciales (regionales, continentales, hemisféricas y globales) e histórico-temporales (diez años, seculares, milenarios y milenarios) y hacer referencia a uno o más parámetros ambientales y climáticos en sus valores promedio: temperaturas (promedio, máximo y mínimo), lluvia, cobertura de nubes, temperaturas oceánicas, distribución y desarrollo de plantas y animales.
En este sentido, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático o CMNUCC utiliza específicamente el término «cambio climático» solo para referirse al cambio climático producido por el hombre y al de «variabilidad climática» para el generado por causas naturales. En el caso de interferencia antropogénica, es más apropiado hablar de «cambios climáticos antropogénicos».
El Glosario Dinámico ISPRA-CATAP, por «cambio climático» significa: cualquier cambio climático atribuido directa o indirectamente a las actividades humanas, que altera la composición de la atmósfera mundial y se suma a la variabilidad natural del clima observado en períodos de tiempo comparables.
Sin embargo, por cambio climático queremos decir una serie de fenómenos que surgen después del calentamiento global inducido por la acumulación de gases de efecto invernadero. El primero en teorizar sobre este mecanismo fue, hacia fines del siglo XIX, el físico y químico sueco Svante Arrehenius. En su concepción inicial, este impacto particular en el clima mundial se debió exclusivamente al dióxido de carbono, que a lo largo de los años fue solo uno de los gases que contribuyeron al «calentamiento global».
Posteriormente se vio que este fenómeno también es inducido por otros gases como metano, óxido de nitrógeno, ozono e indirectamente también por vapor de agua.
Obviamente, el problema climático es muy complejo y no puede resumirse en algunas variables y parámetros. Entre las incidencias encontramos la actividad solar, con sus ciclos, los movimientos de la tierra, las actividades de los volcanes, etc. Además de los índices complejos vinculados a la dinámica y los equilibrios de CO2.
Hoy las principales causas del calentamiento global y, en consecuencia, del cambio climático están más o menos directamente relacionadas con las actividades humanas. Desde la primera era industrial en adelante, el hombre ha impuesto un crecimiento vertiginoso en las emisiones de gases de efecto invernadero (ya presentes en la naturaleza, aunque en menor medida).

Entre los factores más incidentes sobre el cambio climático, mencionamos el uso creciente de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo que han contribuido, durante décadas, a aumentar las emisiones de CO2 y otros gases que cambian el clima.
A esto hay que agregar las actividades humanas relacionadas con la agricultura y las acciones de deforestación que están afectando el sistema termodinámico planetario al cambiar su equilibrio y las entropías relacionadas de los sistemas.
Si a esto le sumamos el modelo comercial derivado de la globalización de los mercados, especialmente en el sector alimentario, que ha resultado en un transporte de mercancías mucho más largo que en las últimas décadas, podemos entender cómo el fenómeno no está destinado a disminuir.
Todos estos fenómenos, enumerados en pocas palabras, están conduciendo a la fusión cada vez más rápida de los glaciares, tanto polares como ubicados en las montañas de varios países, incluida Italia.
De esta manera, el calentamiento global amenaza las llamadas nevadas perennes, un maravilloso espectáculo natural, pero también en el origen del flujo de varios ríos y, por lo tanto, importante para el sustento y las reservas de agua de las comunidades locales relacionadas.
Todos estos factores, por lo tanto, no solo afectan los fenómenos meteorológicos, con los cuales incluso los modelos de pronóstico ya no son adecuados, sino también la hospitalidad general del planeta Tierra que, a través del cambio de hábitats, como consecuencia del cambio climático, está cambiando las distribuciones de biodiversidad y en muchos casos la amenazan.
Se puede entender cómo el Protocolo de Kyoto y las posteriores Conferencias Intergubernamentales sobre el tema no han afectado los modelos políticos tanto de los llamados países «industrializados» como de los que están en desarrollo hasta la fecha.
El futuro del planeta, de su civilización y de la vida en general, está vinculado a la capacidad de la política mundial de dar un giro quizás demasiado rápido en comparación con la dinámica social y gubernamental.
Los 10 años que nos separan de la Agenda 2030 quizás sean, a la luz de esto, los más importantes en la historia humana.

Guido Bissanti




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