Agroecología contra el cambio climático

Agroecología contra el cambio climático

En una época en la que los eslóganes dominan el conocimiento y donde las redes sociales parecen un campo de batalla surcado por flechas y dardos de pseudoinformación, el ejercicio de noticias veraces se vuelve cada vez más difícil.
Reclamamos la verdad en las consignas pero la Verdad es una conquista lenta, hecha de sacrificios, vivencias personales y profundización del sentido mismo de la vida.
Quid est veritas? Se diría, tomando prestada la frase pronunciada por Poncio Pilato durante el interrogatorio de Jesús.
La Verdad, para ser alcanzada y afirmada, no puede ser presenciada por quienes se interesen en ella y, sobre todo, no puede venderse en el mercado libre ni empaquetarse en tabletas en las redes sociales.
Para alcanzar este gran derecho humano, que es la Verdad, es necesario entonces deshacerse de ese enorme lastre que está representado por los razonamientos pseudoeconómicos y financieros que, de vez en cuando, se colocan, de manera artificial y tortuosa, en contra de quien quiera dan fe de tesis contrarias.
Esta larga introducción es necesaria para entender que si no reconvertimos nuestra forma de ver el mundo, la humanidad y la vida en general, difícilmente podríamos alcanzar un nivel superior de conocimiento y por tanto de conciencia.
Esto es lo que ocurre hoy en día en el campo de la ecología.
La ecología (del griego: οἶκος, oikos, «casa» o también «medio ambiente»; y λόγος, logos, «discurso» o «estudio») es el análisis científico de las interacciones entre los organismos y su entorno; en pocas palabras, es el discurso económico real el que une todos los intereses, no menos importante, los humanos obviamente.
Si hoy todo el planeta sufre una gran crisis ecológica (pérdida de biodiversidad, calentamiento global, injusticias humanas, etc.) se debe a una «cultura» económica equivocada, obviamente conducida no por poseedores de la verdad sino por intereses partidistas, y es por eso, a este ritmo, nunca se encontrarán soluciones a la cuestión ecológica. Necesitamos un gran movimiento de conciencias libres.
Específicamente, esto es lo que sucede en el campo más restringido (pero inextricablemente interconectado) de la agroecología.
Más allá de que esta nueva frontera de las ciencias agrícolas, ligada a la ecología, es casi completamente desconocida y aún no estudiada (si no con tímidas insinuaciones) incluso en las universidades, a menudo escuchamos, entre las muchas afirmaciones, que puede remontarse al pasado, como si la agroecología fuera conocida por nuestros antepasados ​​agricultores.
Este es el primer gran error ya que nuestros talentosos y muy expertos agricultores basaron sus conocimientos prácticos en ese gran libro no escrito que era tradición. Pero la tradición, si bien se basaba en la experiencia de que «cuando te equivocas, la naturaleza castiga» no era ciencia agroecológica.
La agroecología es una disciplina mucho más compleja, prácticamente desconocida; donde las disciplinas que lo componen van desde la termodinámica de sistemas complejos, pasando por técnicas agrícolas aplicadas a la ecología, pasando por la relación entre ecosistemas naturales y ecosistemas humanos, hasta la evaluación de retornos de procesos, que reemplazan por completo los rendimientos productivos de los agrosistemas. -silvo-pastoral, tan querido por la vieja agronomía.
En agroecología cambian los sistemas productivos, sus interacciones, las relaciones con la ecología y con las organizaciones humanas y por ende de mercado, etc.: en ellos se replican las mismas lógicas del ecosistema.

La agroecología es un modelo complejo (pero simple en sus principios) que está interesado en lograr y por tanto crear una economía acorde con la ecología.
Señalo, si alguna vez fuera necesario, que la economía y la ecología tienen en común la palabra οἶκος, por lo que basan sus principios en un axioma común: tienen la misma casa en común.
Dado que está demostrado (ver los estudios de Ilya Prigogine sobre modelos termodinámicos complejos de sistemas ecológicos) que la mejor eficiencia energética alcanzable es la de los sistemas ecológicos en condiciones de estabilidad, de la misma manera la mejor eficiencia de los sistemas agrícolas solo puede lograrse aplicándolos. principios en los que se basa la ecología: diversidad, reciprocidad, reciprocidad, compartir, etc.
También te recordamos que el mejor rendimiento energético corresponde al mejor rendimiento económico (y por tanto monetario y financiero). Por tanto, un sistema agrícola que se base en la agroecología es el que asegura mayor bienestar.
Aquí, por supuesto, se crea la gran división entre los detractores de la agroecología y sus partidarios.
Los primeros afirman que los mayores rendimientos, y por tanto las mejores ganancias, se obtienen con sistemas de producción especializados, intensivos, con un gran aporte de factores de producción (fertilizantes, máquinas, etc.). Descuidan que el rendimiento de un sistema debe calcularse sobre todos los factores que insisten en el sistema (fertilidad y estructura del suelo, biodiversidad… .. entropía producida). No en vano, solo en los últimos cincuenta años hemos perdido gran parte de la fertilidad del suelo, la biodiversidad, el éxodo del campo (con pérdida de conocimiento), la desertificación, etc.
Ahora bien, en los sistemas de producción especializados el valor de la entropía producida es a menudo decenas de veces mayor que el producido por un sistema mantenido en equilibrio (agroecológico).
Cabe destacar que el rendimiento de un proceso no es la suma de los rendimientos sino el producto del mismo (esto es termodinámica, nos guste o no) por lo que cuantos más factores externos introduzcamos en un sistema, menor será su rendimiento. y con valores que aumentan gradualmente,
¿Por qué introdujimos el concepto de entropía? Porque es precisamente esta magnitud la responsable del calentamiento global y, por tanto, indirectamente, de los factores que subyacen al cambio climático.
Entonces, si seguimos contando la fábula de que la agricultura intensiva le da al agricultor una mayor riqueza, seguimos burlándonos de él burlándonos de nosotros. Entre otras cosas, las leyes del mercado (otro factor que no está divorciado de la ecología) demuestran todo lo contrario: cuanto más nos especializamos, más sujetos estamos al dominio de aquellos macrosistemas cuyos stakeholders son multinacionales, distribución a gran escala sistemas políticos desviados.
Llegados a este punto la pregunta es: ¿cómo se sale de este malentendido, tan sutil como para no ser visto y comprendido?
La respuesta es: informar, dar a conocer, acercar las ciencias ecológicas y por ende también la agroecología a las escuelas, universidades, entre los técnicos del sector.
¿Eso es suficiente?
Seguramente no. Necesitamos nuevas leyes que fomenten la transición agroecológica por un lado y la transición del conocimiento por el otro. De poco sirve construir una Fórmula Uno si no se entrena a conductores capaces de conducirla.
La ciencia y el conocimiento deben caminar juntos y el cambio climático se combate con una conciencia renovada. Conciencia que no puede nacer bajo la égida de una forma gastada e incorrecta de afrontar una economía fuera de la ecología.
Cuando la economía regrese a la misma casa que la ecología, la humanidad recuperará su hogar común que es el Planeta. El único que tenemos.

Guido Bissanti

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