Granja inteligente y renacimiento ecológico

Granja inteligente y renacimiento ecológico

Que haya comenzado un gran cambio en la historia es algo tan evidente, en todos sus componentes, que no requiere esfuerzos particulares de cognición o imaginación.
Los grandes cambios climáticos, las inmensas migraciones humanas, la desorientación cultural y otros innumerables factores indican, como en los eventos atmosféricos, que se avecina una gran tormenta al final de la cual nada será como antes, ni siquiera la propia civilización humana.
Ni siquiera (y yo diría sobre todo) la agricultura no pudo escapar a esta gran «Tormenta Histórica». Esta antigua y primordial actividad humana que, tras la «resaca» de la llamada Revolución Verde, debe volver a poner los pies en la tierra y ocuparse de cosas antiguas como las montañas, cuáles son los principios de la Ecología, y cosas nuevas como las Tecnologías de la Información.
Digamos de inmediato, como premisa a las conclusiones de este aporte, que la agricultura del tercer milenio nacerá de la perfecta sincronía de estos dos pilares.
Así, la transformación que, junto a la fuerza, supondrá nuestros centros habitados, destinados a asumir cada vez más la identidad de Smart City, debe implicar también cada vez más actividades relacionadas con la agricultura. Entonces, las fincas del futuro, futuro cercano, tendrán que encontrar una nueva sincronía entre el sistema ecológico y el sistema de producción de la cual, seamos sinceros, la agricultura intensiva de las últimas décadas no ha sido rechazada en todos los frentes:
– especialización de cultivos en marcado contraste con los principios energéticos de la Ecología;
– uso de productos sintéticos y otros insumos en un intento de remediar las consecuencias de este modelo;
– Modelos energéticos corporativos de tipo abierto, con la consiguiente baja eficiencia de procesos;
– técnicas agrícolas y de mecanización a menudo inadecuadas;
– alteración de la relación de experiencia y conocimiento entre el factor humano y el factor ecológico (empobrecimiento del conocimiento).
Las Smart Farms no deben verse, por tanto, para frenar los habituales intereses ultraeconómicos y expertos improvisados, solo como una eficiencia de los procesos de gestión de insumos empresariales sino como la respuesta correcta de una célula territorial, como una finca, respecto a las necesidades. energías de un ecosistema.
Consideramos que la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, espera que la población mundial alcance los 8 mil millones de personas para 2025 y los 9,6 mil millones para 2050. Para seguir adecuadamente la crecimiento de la población, la producción de alimentos tendrá que aumentar en un 70% para 2050.
Aquí, evidentemente, intervienen los «expertos» antes mencionados, señalando que: las soluciones relacionadas con la agricultura de precisión, que caracterizarán a las «Smart Farms», adquirirán un peso y una relevancia cada vez mayores.
Más allá de las posibles aplicaciones relacionadas con la gestión de una Smart Farm, cuyos beneficios no se niegan en esta aportación, si no se da un salto conceptual sobre lo que significa gestionar sistemas ecológicos, se corre el riesgo de dar un paso adelante, en frente a la eficiencia de los insumos que necesita la actividad agrícola, y de muchos pasos hacia atrás si no consideramos un principio cardinal:

– granjas, así como las células de un cuerpo humano que intercambian información física y química, con varios sistemas, como por ejemplo. ósmosis, son las células de un cuerpo igualmente complejo que, para su funcionamiento, deben ser capaces de dialogar con peculiaridades celulares dentro de órganos específicos que en el ecosistema se denominan Hábitat.
Pues bien, si somos capaces de entender que las empresas son las células de un tejido y los hábitats son sus órganos, entonces todo el modelo productivo de la futura organización agrícola, que toma el nombre a menudo mal usado de Agroecología, tendrá que adquirir tales características. por tanto, la relación entre los insumos (más o menos informatizados y eficientes, como las tecnologías TIC) y las células (Granjas) de los órganos del gran Cuerpo Tierra, que son los hábitats, debe volverse sincrónica, resolviendo así el gran error científico, y por tanto técnica, que ha afectado a esta última parte de la historia de la agricultura.
Entonces, ¿cuáles son las necesidades de las futuras innovaciones agrícolas en este momento?
Alguien ya plantea la tesis de la agricultura de «la llamada de Precisión» como solución a los males de toda la cuestión, algunos otros temen «retornos al pasado» improbables, restaurando modelos de producción que estaban necesariamente vinculados a los conocimientos y tecnologías de la época.
La solución no es ni lo uno ni lo otro.
El futuro de la agricultura (así como de todas las actividades humanas) está subordinado a esa Ecología Integral (magistralmente enunciada en términos amplios en la Encíclica Laudato Sì del Papa Francisco), que en resumen consiste en una nueva Conciencia:
– Ninguna actividad humana (informatizada o no) puede alejarse de la máquina termodinámica más perfecta que es el Ecosistema.
En esta máquina, cada componente está en diálogo con los demás a través de un variado sistema de intercambios e información en el que todos son parte competente y activa.
Aquí el concepto de cosas útiles y nocivas (insectos, plantas y otros seres vivos) decae inmediatamente a medida que cada mónada (molestar a Leibniz) juega un papel, sin embargo y siempre, específico e intermedio y como el aumento (infestación) o el La disminución (pérdida de biodiversidad o erosión genética) son solo respuestas del ecosistema para intentar reparar el error humano: en este caso de un modelo agrícola no sincrónico con el hábitat en el que se ubica.
Aquí también, para los defensores de las eficiencias de producción falsas, y para despejar dudas futuras, las células (granjas) más eficientes son aquellas perfectamente insertadas dentro del órgano del ecosistema (hábitat) en el que existen.
Sin entrar en complejos cálculos termodinámicos ligados a la ecología, decimos por tanto que si queremos satisfacer los correctos «Miedos» de la FAO, el mundo, de ese futuro que ya ha comenzado, puede ser alimentado y satisfecho, en sus necesidades, ciertamente por eficiencia de los «servicios digitales» pero sobre todo desde una Nueva Visión Humana.
Por tanto, si queremos dar respuesta al título, Smart Farm y Ecological Rebirth, debemos empezar a repensar y luego formar una clase de gestión científica y técnica, a la vez política, que enfrente la cuestión en la dirección correcta. Cualquier otra consideración es el resultado sólo de intereses partidistas y la humanidad se ve ahora «obligada» a conocer sólo una parte: la vida.

Guido Bissanti

Sugerimos esta compra




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *