Cómo cultivar apio de montaña

Cómo cultivar apio de montaña

El apio de monte o apio de montaña (Levisticum officinale W.D.J. Koch, 1824) es una especie herbácea perenne de la familia Apiaceae, en Italia, que crece en forma silvestre entre 700 my 1800 m de altitud en los Alpes y los Apeninos. Es una planta de más de 2 m de altura y hasta 1,5 m de ancho, con tallo erecto, tallos erectos y vigorosos, alambres interiores. Tiene una raíz de rizoma carnosa y ramificada con raíces laterales secundarias que pueden alcanzar más de 30 cm de suelo. Tiene hojas deciduas, alternas y lobuladas en la parte apical, con un borde serrado. Las flores de apio de montaña son hermafroditas, amarillas y se reunieron en inflorescencias en forma de paraguas, con floración de junio a agosto. De estos se madura una fruta que es un aquenio que contiene dos pequeñas semillas de color amarillo-marrón. La planta se usa principalmente para las hojas y las semillas y, en menor medida, para las raíces y para toda la planta, que tiene un aroma similar al del apio. En esta hoja, vemos cómo cultivar el apio de montaña y sus necesidades ambientales y agronómicas.
Es una planta que aunque se adapta mejor a los climas templados también se desarrolla en ambientes con inviernos duros, logrando soportar temperaturas de diferentes grados bajo cero. Para su crecimiento, las mejores condiciones son aquellas en plena exposición al sol, pero también aquí se adapta para crecer en áreas parcialmente sombreadas. Para la elección del tipo de suelo, lo mejor es plantarlo en suelos sueltos, profundos, fértiles y bien drenados; en cambio, evita los suelos arcillosos y demasiado compactos.

 

La propagación del apio de monte o apio de montaña puede ocurrir por semilla, por esquejes y por división de penachos. Si comienzas desde la semilla, la siembra debe hacerse al final del verano, con semillas maduras, directamente en el suelo o en el semillero. El semillero debe prepararse con un sustrato ligero, rico en sustancia orgánica y frecuentemente irrigado y colocado en un ambiente brillante; el trasplante debe llevarse a cabo durante el período de primavera. Si uno comienza a partir de esquejes, debe retirar una porción de la yema, para tener sus raíces en el sustrato que consiste en arena y turba en partes iguales y se trasplantaron en otoño. Si desea propagar por división de matas, esta operación debe realizarse en el otoño de tiempo usando pequeñas porciones de rizoma con al menos un nodo y la colocación de las plantaron en el exterior.
En cuanto a la fertilización, recomendamos la adición de abono maduro con la preparación del lecho de cultivo que en el apio de montaña se lleva a cabo en el campo abierto; debe implantarse en filas con distancias de 120 – 150 cm y 60-70 cm en la fila. Para el control de malezas, la acción también se toma como una función de la extensión cultivada; en extensiones grandes, principalmente hacemos el deshierbe entre las filas; en los cultivos de aficionados es preferible el mulching con paja u hojas. El apio de montaña, en áreas más cálidas y secas, debe ser irrigado teniendo cuidado de dejar secar el suelo entre un turno y otro. Desde el punto de vista fitosanitario, el apio de montaña es una planta muy resistente pero más delicada con podredumbre radical.
Con respecto a la colección: las hojas y los brotes se cosechan en la primavera, antes de la floración, mientras que las inflorescencias se toman al final del verano, palmaditas tarde para permitir que las semillas maduras caen; las raíces deben ser erradicados en el otoño en lugar de la tercera año de cultivo, limpiado, cortado en trozos y se secan, como otras partes de la planta, en un ambiente protegido de la luz, seco, a baja temperatura y con una buena circulación de aire, por lo para mantener el aroma bien Si no se utilizan semillas, las inflorescencias se eliminan cuando aparecen para permitir que la planta tenga una mayor producción de hojas.
El apio de montaña tiene propiedades diuréticas, digestivas, antisépticas, sedantes y expectorantes. Se utiliza en la cocina para adornar, con hojas frescas, ensaladas, verduras cocidas y sopas. Las semillas se usan para dar sabor a carne, pescado y pan.




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