Técnica de micorrización en agricultura y horticultura

Técnica de micorrización en agricultura y horticultura

La técnica de la micorrización en la agricultura y en la horticultura consiste en atacar el sistema radicular de las plantas de los hongos no patógenos que crean con ella una relación simbiótica con los sistemas de intercambio mutuo de modo que el hongo dibuja por las raíces de las sustancias vegetales nutrientes y la planta recibe agua y sustancias minerales del hongo que promueven su crecimiento. Este complejo simbiótico planta-hongo se llama micorriza.
Esta técnica también se usa para aumentar la producción de trufas y los tratamientos de biorremediación del suelo.

 

En los últimos años, las aplicaciones de micorrizas, especialmente en el cultivo de hortalizas orgánicas y otras técnicas agronómicas similares, se utilizan cada vez más ampliamente. Sólo la necesidad de escapar de los pesticidas sin costura en espiral y la química sintética entendía cómo estas cuestiones no se libran principalmente con las estrategias de defensa sostenibles, siguiendo el ejemplo de los procesos existentes en la naturaleza. Este es precisamente el campo de aplicación de las micorrizas. Respecto a las micorrizas distinguimos la ectomicorriza y la endomicorriza
Los primeros están representados por hongos que colonizan solo algunas especies de plantas, especialmente árboles, formando con la planta una capa externa de hongos (por ejemplo, trufas).
Las endomicorrizas (que son las de mayor interés en la agricultura y la horticultura) en cambio operan una simbiosis con la penetración en los tejidos de la planta huésped y la incidencia en su capacidad para asimilar nutrientes. Las endomicorrizas pueden colonizar el 95% de las especies de plantas. Hay que decir que las micorrizas no coloniza las Brassicaceae (col, brócoli, rábanos, cohetes, etc.) y chenopodiacee (espinaca, acelga, remolacha, etc.).
Los principales efectos de la micorrización son: el aumento del sistema de raíces, que puede alcanzar tamaños varias veces superiores a las de una planta normal; la creación de condiciones favorables para la vida de microorganismos útiles, que rigen la transformación de nutrientes para la planta (como microorganismos fijadores de nitrógeno), otros todavía están luchando contra la propagación de agentes patógenos (tales como las enfermedades fúngicas), y otros pueden obstaculizar los nematodos.
Obviamente, esto es una técnica que será en el futuro y más extendida aplicación no sólo en la patología estrictamente planta, sino también la sinergia de las técnicas agronómicas encaminadas a mejorar los sistemas de nutrición y la fertilidad del suelo, mejorar la resistencia a la sequía y por lo tanto la eficiencia riego y, por último pero no menos importante, la característica de intervenir para mejorar la calidad organoléptica de los productos agrícolas.
Ya no se esconde cómo estas técnicas, junto con otras prácticas agroecológicas, suplantarán definitivamente este período oscuro en la historia de la agricultura, en el que la humanidad pensó en regular la Naturaleza fuera de sus reglas.

Guido Bissanti




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