Caballos salvajes extinguidos para siempre

Caballos salvajes extinguidos para siempre

Hasta hace poco, se creía que los caballos de Przewalski, una población restante de aproximadamente 2000 individuos, provenientes de las estepas de Eurasia, eran las últimas especies de caballos salvajes en el planeta. Desafortunadamente, los últimos análisis genéticos realizados en esta especie muestran que los caballos de Przewalski no son los últimos caballos salvajes en existencia, como se creía hasta ahora, sino que también descienden de los primeros caballos domesticados hace unos 5500 años por los antepasados ​​de la población de Botai. Esta investigación fue realizada por la Prof. Sandra Olsen, investigadora de la Universidad de Kansas y otros colegas, en una extensa investigación en colaboración internacional.

 

La triste deducción es que no hay más caballos salvajes vivos en la Tierra y esto no es solo un hecho romántico; de hecho, muchos biólogos, que se han ocupado de la evolución de los équidos que estudian los caballos de Przewalski, pensaron en estudiar los últimos caballos salvajes y luego tuvieron que revisar muchos aspectos fundamentales.
Este resultado se logró a partir de una serie de descubrimientos fósiles descubiertos en dos sitios de la cultura tradicional Botai, en Kazajstán. Estos hallazgos fueron suficientes para secuenciar los genomas de 20 caballos Botai. Estos se compararon con los genomas de otros 22 caballos que se originaron en toda Eurasia y vivieron en los últimos 5.500 años y con los genomas de caballo ya publicados, en referencia a 18 caballos antiguos y modernos.
La conclusión fue que los caballos de Przewalski descendieron de los primeros caballos domesticados de los antepasados ​​de Bota. Un pueblo representado originalmente por cazadores nómadas, que más tarde se volvió sedentario. La domesticación tuvo como objetivo utilizar estos animales para el consumo de carne y leche y como arrastreros y animales de trabajo. Esta conclusión se alcanzó a través de la correlación de los datos sobre la concentración de huesos encontrados, sobre las concentraciones de sodio y nitrógeno en el suelo, probablemente procedentes de estiércol y orina, y de macetas con restos de leche.
Además, la reconstrucción del árbol filogenético del caballo sobre la base de los análisis mostró que los caballos domésticos no forman un solo grupo homogéneo, como debería ser si todos descienden de caballos Botai y que los eventos de domesticación documentados son dos diferentes.

Guido Bissanti




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